Relatos del gobernador más emblemático de Casanare
Por Danier Porras Leal
Salida de Emiro y llegada de William
Eran como las 6 de la tarde y la noche se venía con todas sus sombras, en frente del directorio de Integración Liberal, lugar refugio de Emiro Sossa Pacheco y desde donde se fraguó su triunfo electoral, estando inhabilitado por la Procuraduría, para poder inscribirse a las elecciones.
Pese a todo el inmolado dirigente ganó los comicios , con un trabajo político importante y cómo tenía que suceder, un tiempo después, de estar en el poder, el ministerio público, lo retiró del cargo, lo que generó las consabidas protestas de sus numerosos amigos.
Entre esos simpatizantes estaba, quien luego sería el gobernador, más emblemático del departamento y quien en estos días quedó en libertad, luego de 20 años, de estar en un centro penitenciario: William Hernán Pérez Espinel, el hombre del caballo negro.
Se había instalado una pequeña tarima, en la parte externa, del directorio, ubicado por la carrera novena con calle 21 y ya se tenía una buena cantidad de simpatizantes de Emiro, que gritaban, contra quienes impidieron a su líder terminar su gobierno.
Entre quienes estaban allá gritando a todo pulmón se encontraban, Alberto Rojas, Aldemar García, el que hoy sigue frente a la gobernación y se gana la vida haciéndole mandados a los funcionarios que allí laboran.
Rober Morales, abogado de profesión; don Gilberto Coronado- fiel seguidor de Emiro hasta su muerte-, Jacobo Rivera Gómez y doña Elvia Tila Montoya, quienes eran diputados.
Allí también estaba la fiel Elsa Marina Villamil, Pecas, quien desde esa época ya echaba discurso. Tampoco faltaba Alirio el conocido Guatanana, simpatizante radical del médico Sossa Pacheco.
Como esto no se escribe con inteligencia artificial acudimos al recuerdo y este indica que luego de varias evaluaciones, se pretendía escoger quien sucediera a Emiro, luego de su suspensión del cargo.
Primero se especuló en dejar a Jairo Bossuet Pérez, en esta posición, por considerarlo el hombre de más confianza. Pese a todo, al final, se decidió dejar a William Pérez.
Rilo, un hombre espigado con pelo largo, de bigote negro permanente. Echó su discurso ahí en las afueras del directorio, levantó las manos junto a Emiro y luego recibió la ovación de los ruidosos asistentes, que no eran pocos.
En esos años, todavía, no usaba la pañoleta roja que se colocaba alrededor de su cuello y que portaba, cuando al quedar en libertad, abrazó a su señora madre.
A muchas de las mujeres, que no lo conocían, les llamó la atención su sonrisa misteriosa, su voz gruesa y algo elegante y sus bluyines que no dejaba nunca.
Elogió a su amigo Emiro, le recordó su amor por el pueblo y luego hubo vivas y jolgorio, pese a que los amigos en su mayoría, eran simpatizantes del médico sogamoseño.
Surge un líder
Sin que nadie lo supiera, ahí nacía un político hábil, sagaz para llegarle al pueblo y con ganas de aspirar a grandes cosas.
El hombre de la vereda Chavinave de Maní, bachiller del colegio Reyes Patria de Sogamoso, en ese acto fue aclamado, pero los seguidores de Emiro, le exigían que no abandonara la gente de su líder.
“ Doctor William, lo estaremos evaluando a ver si cumple”, dijo en voz altanera y desafiante la diputada de la época, Elvia Tila Montoya, líder liberal de Támara, que se curtió en la política, con María Izquierdo.
Él ejerció el poder como gobernador encargado, por 4 meses, desde diciembre del 95 hasta comienzos de marzo de 1996.
No estuvo mucho tiempo en el cargo, porque luego le recibió Efrén Hernández, quien permaneció tres meses en el poder.
Esos meses los aprovechó William Pérez, para ir forjando un futuro político inmenso y recorrió Casanare, cómo pocos lo han hecho.
Con ese tiempo tuvo, para crear su propia imagen y en corto periodo ya se veía con amigos y simpatizantes cada vez más crecientes en la política.
Si la memoria no engaña, al poco tiempo se lanzó a la alcaldía de Yopal, pero se le apareció nuevamente Efrén Hernández y con la frase que le creó el Sargento Manuel Silva, de que reciban lo que les den, pero voten por Efrén y su oferta de vivienda, le ganó a William la oportunidad de manejar los destinos de la ciudad de Yopal.
Pero tanto la “palomita”, en la gobernación, como la experiencia de la campaña, a la alcaldía de Yopal, sirvieron para que el hombre, con alma de pueblo, se consolidara, como un político, en potencia que podría manejar, las riendas del departamento, en un momento, en que se recibían cuantiosos recursos de regalías petroleras.
Precisamente, lo del alma y lo del pueblo fue el eslogan, con el que catapultó su elección venciendo a Oscar Leonidas Wilchez Carreño, un político que acabó con la dinastía de Alí de Jesús Dalel Barón, siendo el primer mandatario casanareño. El hombre quiso repetir y utilizando su gran discurso y experiencia se metió en una nueva contienda política para esta posición, pero la vida pública tiene sus momentos y este no era el del Labrancero.
William Pérez preparó una campaña, sin descuidar ningún detalle. Convenció a Emiro Sossa que le diera su respaldo, aunque el médico que en ese momento hablaba duro en votos, tenía sus reparos.
Fue apoyado por Luz Marina González, tamareña y hermosa siempre dirigente conservadora y quien había sido intendente.
El favoritismo, del abogado de la nacional, fue creciendo y como en ciclismo fue “moliendo” a sus contendores que lo único que pudieron hacer varios de ellos fue unirse a su campaña.
Hasta José Rodolfo Pérez, se le vio, abrazado, en un acto público, en un barrio popular de Yopal, con el hombre del bigote, que hasta hoy lo luce, aunque ya no tan poblado y con algunas canas.
Por los lados de la alcaldía, Braulio Castelblanco, tenía dificultades para ganarle a Hugo Torres Poveda y debió hacer mucha fuerza, para llegar a ser el mandatario de Yopal,
La campaña de William Pérez, tenía un discurso, en el que se hablaba de entregar el paquete escolar, para todos los colegios de Casanare. Luchar contra la propagación del chagas, construir un nuevo y moderno hospital y un estadio de grandes dimensiones para Yopal, entre otras propuestas.
La campaña política fue intensa, recorrió como ninguna lo ha hecho los barrios y veredas de los 19 municipios de Casanare y ganó muchos respaldos políticos.
Ganó en el Norte, en el sur y en el centro del departamento y luego en su gobierno efectuó un recorrido, minucioso por cada localidad, corregimiento, inspección y vereda. Aún hoy se ve el caballo, negro en escuelas y colegios o en sitios públicos, de lo que dejó William Pérez.
Eran épocas en las que la bonanza petrolera, de Cusiana y Cupiagua que explotó B.P y Ecopetrol, permitían a la gobernación de Casanare, contar con billones de pesos, en regalías y se hablaba de que se podía contratar hasta mil millones de pesos diarios.
Pese a manejar tan altas sumas de dinero, William fue un mandatario que poco delegó y los recursos, los disponía él sin muchas delegaciones en los secretarios.
A 150 kilómetros por hora
Sus recorridos por el departamento, eran todo un espectáculo, porque se movilizaba en los vehículos Toyota adquiridos por Emiro Sossa, para circular por las polvorientas vías del cerro y la llanura, del cual cada secretario tenía una. A esto se sumaban los vehículos de seguridad y los de los alcaldes con sus equipos, por cada municipio.
Este medio, que ya existía, de forma impresa, lo acompañó, en varios de esas travesías, en un Casanare inmenso, con llanuras interminables y recorridos por trochas y caminos anegados en invierno y con mucho polvo en el verano.
William encabezaba siempre la caravana y manejaba su vehículo, madrugaba mucho y todos tenían que estar listos para estas jornadas que se extendían por uno o varios días.
El solo arranque de William en su carro, daba a entender, que la velocidad que le imprimiría, al automotor, sería muy alta por lo tanto sus acompañantes, ya sabían a que se sometían.
Alguna vez salió de Maní a las 6 de la tarde y llegó con su caravana a Yopal, a las 6 y 45. En un trayecto que tenía más de 60 kilómetros de destapado.
Tal vez la habilidad de manejar un vehículo a semejantes velocidades la aprendió de su padre don Aristipo, cuando en un camión recorrían carreteras de Boyacá y Casanare.
En Toyotas por todo el Llano
En otra oportunidad, arrancó de Yopal a las 5 de la mañana de su vivienda que en esa época era en el barrio Las Palmeras y terminó esa tarde en el corregimiento de Puerto Colombia a orillas del río Casanare frente a Puerto Rondón en Arauca hacia las 4 de la tarde.
La gran mayoría del desplazamiento se hizo en plena sabana, con un rastrojo, que servía de carretera, por fortuna no llovió y eso facilitó que los carros hicieran su recorrido completo.
La imagen que queda en la mente es de una caravana de Toyotas atravesando la Sabana llanera, en medio de vegetación, ganado, bestias y el desfile de aves que atravesaban el cielo con un sol azul intenso, que iba cambiando al llegar la tarde. Bello y triste panorama, por que se observaba la naturaleza en pleno en un terreno, sin altibajos, pero sin un “alma”, lo que muestra la soledad del llanero.
El paso de los automotores raudos y la polvareda que dejaban al pasar, interrumpía, la pasmosa tranquilidad en una geografía tan grande, que solo tiene una vivienda, en muchos kilómetros de distancia.
Cómo hicieron de falta los celulares de hoy para mostrar estos recuerdos.
El arribo a Puerto Colombia se dio , no sin antes, dejar la humilde casa donde nació y se crió el cantautor Aries Vigoth. Ahí junto al río Casanare, estaba esta comunidad, sin luz y con muchas necesidades.
Al frente Puerto Rondón, localidad Araucana que ya tenía calles pavimentadas y hasta hotel, era como llegar a la civilización, en medio del abandono de las comunidades vecinas.
Ver llegar en esos años, al gobernador con su séquito de colaboradores, escoltas y lagartos, que no faltaban, era para el ciudadano campesino o de una pequeña villa, como que llegaran los marcianos a la tierra.
Aunque se tenía gente abandonada, en el pampa casanareña, no se crea que eran hombres o mujeres pobres. El llanero tiene su finca y su ganado y trabaja, para conseguir su sustento, por ello, al visitante se le acogía con entusiasmo.
Esa noche hubo parrando y buen consumo de bebidas embriagantes, pero al otro día la travesía seguía por las costas del Casanare, hasta Campanero y Santa Bárbara.
Otros trayectos extensos , de las Toyotas de William hasta llegar a acogedores lugares de hatocorozaleños amables, que compartían la mamona o el abundante pescado, con los ilustres visitantes.
Le hablaba al pueblo con sencillez y camaradería
William, actuaba, no como el gobernador que daba órdenes, sino como el amigo que llegaba a la gente campesina, le preguntaba por sus hijos, por sus compadres, por la vereda y así con sencillez y camaradería se ganó el afecto de miles de Casanareños.
Esta escena que revivimos, en estas notas, se repitió por todos los rincones de los Casanare, con comunidades rurales o urbanas en un trabajo impecable, que lo convirtió en el mandatario más recordado de esta parte de la Orinoquia.
Supo manejar su imágen, con trabajo y contacto con la gente, que complementó con buenas relaciones con los medios locales y las ideas de asesores como Eduardo Cabás, que venía, se bajaba del avión, asesoraba y se iba.
En radio fundó la emisora de la gobernación y puso a sus colaboradores a recorrer el departamento y emitir programas por todas partes de sus gestiones administrativas.
Muchos, pero muchos casanareños algo recibieron de su gobierno
Fueron proyectos de su gobierno El Estadio Santiago de las Atalayas, el Hospital regional de la Orinoquia, la construcción y pavimentación de la carrera 29, de la cual todavía se recuerda- en su inauguración- al ex comandante de la Brigada 16 del ejército General Ramiro Bautista Mesa, celebrando, con varios Whiskys en la cabeza.
Las obras no se terminaron en su administración pero se proyectaron y otros gobiernos las terminaron.
Muchos, pero muchos casanareños, algo recibieron de William, este un solo caso, que ratifica, esta apreciación, lo hace una dama hoy adulta: “Que viva mi Gobernador que me dio onces, coladas de bienestarina , huevo cocido, galletas y unos zapatos buenos con alma de pueblo”
Como esto, muchas realizaciones se forjaron en su gobierno y hoy aún prestan servicio.
Líos y más líos
Pero, en la vida y en las administraciones, no todo es perfecto, tiene sus bemoles y William sí que las tuvo. Primero vino la muerte violenta de su secretaria privada Diana Reyes Plazas, un tiempo después la muerte de su mentor Emiro Sosa.
A esto se unió el crecimiento de los grupos armados que generaron la guerra y todo lo que Casanare conoce. William, le tocó un momento difícil y la justicia no le dio concesiones, ni tuvo consideraciones, en sus ejecuciones.
De eso ya los estrados judiciales, hablaron mucho y hace poco, cumplió la pena que le impusieron y hoy se encuentra libre.
Bienvenido William Hernán Pérez a la libertad, fueron muchos años sin saber de él, pero siempre en el recuerdo de muchos.
William como le dicen todos, llegó a convertirse en el personajes más nombrado de Casanare y como Amparo Grisales, unos hablaban mal y otros bien, pero hablaban.
La gente lo volvió leyenda por los chismes
Su nombre se volvió leyenda y se decía de todo, que era el hombre más rico del departamento; que sus fincas eran lujosas y que llegaban muchos personajes a sus predios. También se afirmaba que a su despacho llegaban las mejores mujeres, muchas bellas, elegantes y complacientes. “Quien sabe que más harían de puertas para adentro” se especulaba por las más atrevidas.
No faltó el que dijera, que en su despacho se sacaban los billetes en cajas y que por eso se tenían colas de personas, esperando por horas desde el primer piso hasta su despacho, del edificio que hoy ocupa Enerca y en su refugio hoy operan las cámaras del Zorro.
Todo eso de lo que se hablaba se quedó en palabras, chismes de pueblo, que, que nadie comprobó y pasó a ser fantasía de un Casanare sinvergüenza que el tiempo fue olvidando.
Futuro incierto
No sabemos qué será del futuro de William Pérez Espinel y no nos interesa saberlo.
Nos quedamos con el hombre sencillo en el hablar con uno y con todos; el que compartía y que reflejaba en su rostro, un hombre de bondad.
Se le recuerda con su sombrero negro y ese acelere permanente, para cumplir sus compromisos de mandatario.
William en sus imágenes que son muchas mostró varias facetas, con su sonrisa socarrona, su nariz aguileña y su mirada, que pareciera esconder algo, en sus adentros.
En su retorno a la libertad, estaba con barba poco poblada blanca, cabello, algo blanqueado, pero no del todo y con entradas a los dos lados de su frente.
El bigote lo mantiene y aunque como a todos le han pasado los años, pero conserva la vitalidad de años anteriores.
Esto concluye, queda el impacto de William Pérez Espinel y su mirada triste, que refleja un alma cansada, al retornar a su vida normal.

Relatos del gobernador más emblemático de Casanare