Tenemos mucho miedo

Nos mueve el miedo. Y también nos limita. Aquí el miedo

es fenomenal motor en épocas electorales. Siempre hay

gasolina para tanquear nuestros miedos. Esto es Colombia.

Por Gustavo Gómez Córdoba

El miedo nos define. Como especie, en parte. Somos primates

complejos. Razonamos, aprendemos, inventamos, hablamos,

engañamos, reímos, transmitimos, socializamos, asesinamos. Y

tenemos miedo. Mucho miedo, y nos esforzamos por disimularlo.

Pero el miedo, como el dolor, tiene una función válida: ante

escenarios de amenaza, nos protege, encauza nuestra atención.

Es una señal de alarma que, en el comienzo de los tiempos, seguramente

ayudó a que una criatura enclenque y sin mayores superioridades

físicas, evitara terminar convertida en el almuerzo de otros.

Más allá de la lejana mirada al miedo en el ascenso de los seres

humanos, es evidente que, en el hoy y el ahora de la campaña

presidencial, tenemos miedo. No tememos al mismo tsunami, al

mismo volcán escupiendo lava o a la misma bestia furiosa que nosacorrala. Pero, reorganizando una de las frases de combate de Chapulín Colorado (miedoso paladín), sí que cunde el pánico.

Sentimos y somos presa de pulsiones, por lo que no es fácil hacer un

catálogo confiable de los miedos que ahora nos acosan. Pero hay que

intentarlo, entendiendo que se arma con las prevenciones y prejuicios

de sectores variopintos.

Miedo a Iván Cepeda. Convertirá a Colombia en una especie

de U.R.S.S. suramericana. Estatizará hasta la respiración. Nos pondrá

a “sudar petróleo” (aunque terminará de enterrar a Ecopetrol) y va a

meternos en la “pitadora” de las reformas hasta que quedemos como

carne desmechada. Liderará una constituyente en la que barrerá con

la institucionalidad. Marchitará los medios de comunicación y la libre

expresión. Seguirá sembrando fanáticos en donde deben florecer los

técnicos y los expertos. Conversará fluidamente con los ilegales que

se tomaron el país y les dará más gabelas en búsqueda de una paz de

la que se valen para consolidar su gran poder (también apuntalado en

el miedo que se les tiene en las regiones). Asfixiará al sector privado

y será el amo de los radicales.

Luz María Sierra, directora de El Colombiano, le preguntó a

Álvaro Uribe quién le daba más miedo, si Petro o Cepeda: “Yo no sé.

Petro a ratos se ríe, Petro a ratos espabila. Ah, esa mirada fija de

Cepeda, como la de Idi Amín, que miraba al hígado de la contraparte.

Yo le tengo pánico al comunismo”. Aquello de la mirada al hígado

supera lo meramente retórico: Amín, el “Carnicero de Uganda”, regó

de cadáveres el Nilo y su país. Se habría comido algunos, dicen;

quizás de sus enemigos. Cuando le preguntaron si tenía tales

apetencias, según Rajiv Dogra en su libro sobre tiranos, contestó:

“No me gusta la carne humana; es demasiado salada para mí”.

En diciembre del año pasado, Felipe López le confesó a

Federico Gómez Lara, director de Cambio, que le tenía “un poco de

miedo a Cepeda”, porque creía que, si llegaba a la presidencia,

aprobaría las reformas que Petro no logró aterrizar y pensaba que el

senador era “más Raúl Castro que Fidel”. Con la Navidad, queda claro

en un texto suyo publicado en dicha revista, López ha ido perdiéndole

el miedo a Cepeda.Miedo a Abelardo de la Espriella. Emprenderá una cruzada para erradicar la presencia del progresismo en el servicio público.

Gobernará en beneficio de los poderosos que fueron perdiendo

espacio y posibilidades.

Mandará a la “paila mocha” las reformasbsociales de Petro. Cubrirá los campos de plomo y glifosato;bombardeará los campamentos de las disidencias al costo que sea.

Acosará a los medios de comunicación y periodistas que lo

cuestionen. No podrá desligarse de su apetencia por los negocios y de

un pasado profesional que incomoda. Su inexperiencia en asuntos

públicos le hará fracasar como ejecutor. Los hidrocarburos volverán

a ser motor para el desarrollo, sin mayores consideraciones

medioambientales. La ética, que para él no tiene nada qué ver con el

Derecho, tendría escasa cabida en la acción del Ejecutivo.

Jerson Ortiz, de La Silla Vacía, en análisis sobre las primeras

propuestas del candidato, concluye: “hay muchas similitudes con las

propuestas de campañas de la nueva derecha de América Latina,

específicamente de Nayib Bukele de El Salvador, Javier Milei de

Argentina y José Antonio Kast de Chile. Incluyendo la promesa

inicial del ‘milagro’, retomada de Bukele”. Tales semejanzas, a

muchos asustan.

Daniel Coronell (quien aseguró en Los Danieles que “entre

Abelardo De La Espriella y un zapato, yo voto por el zapato”) le

propuso una entrevista en vivo. El periodista escribió: “me lo puedo

imaginar ensayando frente al espejo la frase que repite y repite, pero

que no cumple”. Tal frase, efectivamente pronunciada por el “Tigre”,

docenas de veces es: “yo llegué tarde a la repartición del miedo”. La

entrevista no se ha concretado al cierre de esta columna.

Miedo a Paloma Valencia. Ha moderado el discurso de

extrema derecha para atraer a los electores de centro (y a los

indecisos), pero, una vez llegue al poder, comparada con ella, María

Fernanda Cabal parecerá… ¡una paloma! Desechará toda posibilidad

que pueda conducir a una paz vía diálogo y acuerdos. Dedicará buena

parte de los dineros destinados a la inversión social a fortalecer la

guerra. Les otorgará beneficios importantes a los grandes

conglomerados. Hará fracking a toda costa y se desentenderá de latransición energética. Dinamitará lo que quede de la implementación

del acuerdo de paz. No le cumplirá a Oviedo, ni a los sectores que él

representa. Dará patente de corso a los particulares con los recursos

de la Salud. Trabajará al lado de decepcionantes exponentes de la

clase política tradicional. Será el suyo un gobierno de Álvaro Uribe

por interpuesta persona.

En el ruedo de los debates y la decisión de eludirlos de parte de

Cepeda, Valencia declaró a la prensa: “Estamos listos para los

debates. Estamos esperando que el senador Cepeda salga y de la

cara”

. Juan David Ríos, de Noticias Caracol le preguntó si creía que

Cepeda tenía miedo a debatir. Ella contestó: “Pues yo creo que le da

como miedo, sobre todo porque como le toca leer los discursos”.

Probablemente Cepeda siga pegado a los papeles en tarima, pero

ha dicho sobre los debates: “Reto a la extrema derecha, a sus dos

candidaturas, a la senadora Paloma Valencia y al abogado Abelardo

de la Espriella a que debatamos sobre propuestas de fondo”. Paloma

ripostó: “Siquiera se le quitó el miedo a Cepeda. Si lo hemos citado

varias veces a debates, pero el prefería estar escondido”. Cepeda, que

sí teme que manipulen los debates, dijo: “Nosotros no tenemos ningún

miedo. No vamos a meterle a la gente paranoia. Sin miedo y con

decisión vamos a ganar”.

Miedo a Sergio Fajardo. Su obsesión por la inalcanzable

pureza le impedirá gobernar con criterios prácticos. No tenderá lazos

con los protagonistas de la política y repetirá el primer año de

gobierno de Iván Duque, con cero acuerdos entre Ejecutivo y

Legislativo. La terquedad le impedirá hacer cualquier tipo de

concesiones. Lo que exhibe como pulcritud y decencia es, en realidad,

la imposibilidad de reconocer lo positivo que puedan aportar quienes

no comulgan con su forma de ver las cosas. Será presa del

egocentrismo y la vanidad. La tibieza permeará sus decisiones como

presidente, pero, si no lo logra y encalla en segunda vuelta, repetirá el

episodio de no endosar votos y se dedicará a los cetáceos.

La frase con la que explicaba Fajardo la esencia de su gestión

como alcalde era “Medellín pasó del miedo a la esperanza”. Fajardo

ha dicho que “el principal poder de los violentos es el miedo. Elmiedo nos limita, nos destruye, fragmenta la sociedad, segrega y

rompe el tejido social. Después eventualmente usted termina en un

sálvese quien pueda y esa es la fatalidad”.

En debate durante el congreso de Naturgás, en Cartagena, se le

oyó decir: “Mientras algunos insisten en el discurso del miedo, otros

tenemos claro que Colombia necesita unión; no más divisiones”. No

se sabe si los matemáticos, como algunos padres con sus hijos,

tengan preferencias frente a las operaciones básicas, pero muchos

esperan que la animadversión con la división se manifieste pronto en

una decisión de adición que aún puede darse, aunque Fajardo la

descarta. Y que se aleje de un gran matemático, Descartes, en la

pasión por dudar. La unión, le reclaman, es ahora; no cuando las

cosas vayan a las profundidades de ese mar al que solamente acceden

las ballenas.

El miedo es rey en Colombia. Miedo al cambio y miedo a

mantener el cambio. Miedo a la política tradicional y miedo al

progresismo soñador. Miedo a deshacer la Constitución y miedo a

no poder tocarla. Miedo a no aguantar otros cuatro años y miedo

perder cuatro años para profundizar la revolución. Miedo seguir

viviendo en manos del hampa y miedo a no poder seguir hablando

con los Señores de la Guerra. Miedo a no dejar de tener miedo.

Miedo, en últimas, a ser lo que somos.

***

Retaguardia. En vista de la quejadera, a pesar del buen

desempeño de Luis Díaz, palabras de Félix de Bedout en 6AM W que

aplican para todo: “Yo entiendo que les pongamos ‘peros’ a las

cosas. Pero, cuándo nos va bien, ¿para qué el ‘pero’?”.

(Publicado en El País América Colombia, 20/04/26