Por Danier Porras Leal
El puente de la Cabuya, ha sido testigo del paso de la historia de Casanare y a lo largo de más de 60 años, ha permitido que los Llanos Orientales, hayan tenido la comunicación terrestre facilitando el desarrollo de una región muy amplia pero productiva para el país.
La historia de esta estructura, es larga, pero deja un acontecimiento, que se resalta y es que colapsó, dejando tristeza, con la pérdida de ilustres ciudadanos, que acudieron a la inauguración del primer puente que el gobierno de Boyacá construyó para dar paso desde Yopal, al Norte de Casanare.
Tragedia que dio para que impulsor de separación de Casanare muriera
Fue un puente colgante que, era solo para peatones y causó una tragedia del que ya se han escrito varias notas, en diferentes épocas, con los detalles de los personajes allí fallecidos. En este caso, por la reciente celebración de los 52 años, se recuerda que, en la caída de esta obra, estaba el Representante por Boyacá, Luis Hernández Vargas, gestor de la ley que acabó con la dependencia de 44 mil kilómetros cuadrados, del departamento vecino.
El a consecuencia de este hecho, resultó inicialmente herido y por gestión de Julio César Turbay, fue llevado a un hospital de Estados Unidos -pero luego a los 7 años en su retorno a Bogotá-falleció.
Luis Hernández Vargas, gran Liberal, era congresista por Boyacá y desde hacía muchos años, quería que los Llanos y otros municipios de la montaña, se separaran del centralismo Tunjano, por el abandono, en que se encontraban.
La idea fue cuajando y él como buen político, fue llamando la atención de ciudadanos de Yopal, Monterrey, Paz de Ariporo, Aguazul, Maní, Nunchía y hasta de Sogamoso, para que se creara un territorio autónomo.
Pensar en separar un territorio de un ente territorial, era y sigue siendo toda una hazaña, porque esto requería, apoyo político en un país que por esos años, tenía gobierno Conservador y congreso del mismo partido. La Comisaría de Casanare, como estaba en esa época, esta región era liberal, hasta los “tuétanos”, tanto que tuvo hasta guerrilla propia y con Guadalupe Salcedo, se dieron plomo con la policía, chulavita y hasta con el ejército que comandaba el Tunjano Gustavo Rojas Pinilla.
Utopía hecha realidad
Por eso pensar en una separación era no solo una utopía, si no una cuestión muy improbable y la “pelea”, resultaba desventajosa, con un Departamento, que en su mayoría era Conservador.
“Pero pudo mas la gana que el temor y el desespero” como dice Jorge Veloza, en su canción La deseadita y los casanareños se salieron con la suya.
Hoy Casanare es dueño de su propio destino y esto representa independencia y la libertad de auto determinarse.
Esta ha sido la última segregación que se ha dado de un territorio de un departamento y regiones como el Magdalena Medio o el Urabá en Antioquia, no han logrado, concretar una iniciativa similar.
Se recuerda, que esto no fue un logro de un día para el otro o porque el presidente de la época, Misael Pastrana Borrero amaneció de buen genio y firmó un decreto, para separar a los dos territorios.
Eran años sin aparatos, digitales que en segundos sacan lo que un presidente quiere decir, con el estado anímico que tenga, como es el caso de Trump o Petro, hoy en día.
Edilberto Barreto Vargas- famoso por su machismo poco comprobado- uno de los dos sobrevivientes, del Comité que impulsó este proyecto, asegura que eso fue una lucha titánica y que tuvo muchas peripecias.
A eso se suma el hecho de que los Llanos de Casanare y sus zonas montañosas cercanas, eran lugares alejados, del centro del país, sin carreteras y su acceso en muchos casos tocaba en avioneta.
En Yopal, en tiempos de antes, en “ La última Lágrima”, era común ver hasta 30 aeronaves, listas a surcar la inmensa llanura, para transportar a propios y visitantes.
Claro para poder alquilar una avioneta, había que pagar un alto precio y por eso cualquiera no podía aspirar a movilizarse por estas tierras, bravías del toro cimarrón.
Por eso, Luis Hernández Vargas, oriundo de la Salina, es el verdadero gestor de esta idea que la parió y gracias a su hermano Carlos se cumplió.
Es curioso que un hombre, nacido en un pueblo con costumbres, más andinas, que, de llanura, fuera quien luchara por este propósito.
Por esto en la reciente celebración que hizo el actual gobierno departamental, seguramente se debió recordar y resaltar este nombre a todo pulmón, porque por él es que hoy Casanare maneja al antojo de sus hijos sus presupuestos y sus millones.
Si a alguien como él no se le cruzara por la mente tal “imposible” seguramente hoy la gente de esta zona tendría que seguir “colgando geta “en el Palacio de La Torre, para obtener cualquier recurso para su desarrollo.
Idea que resultó gesta
Pero para que una idea se plasme en la realidad, deben suceder, muchas cosas y en algunos casos hasta violentas, para que se concrete. Por fortuna aquí hechos violentos, no se presentaron como pudo ocurrir, con casos de intentos separatistas, como en Estados Unidos, con la guerra de secesión, donde varios estados del Sur, se le querían separar a la Unión y que terminó con una guerra que Abrahán Lincón, ganó, pero que luego le costó la vida de un tiro propinado por un actor en un teatro de Washington.
Claro el ejemplo, no viene al caso, pero es que así pueden ser las separaciones. Si los dirigentes de Boyacá, se hubieron percatado -en su momento- de lo que perdían, seguramente la cosa se hubiera puesto “color de hormiga”.
Ellos perdieron la gigantesca riqueza de Cusiana y Cupiagua y el oro negro que todavía le deja miles de millones a Casanare, hasta para construir obras, innecesarias o para enriquecer a contratistas y mandatarios.
Carlos Hernández Vargas: El Padre de la Intendencia
El recuento, continúa con otro acontecimiento ocurrido, en la velación del Doctor Luis Hernández Vargas, en una funeraria de Bogotá. Llegó al lugar, el presidente del partido Liberal, en ese momento en el poder: Julio César Turbay Ayala; muy compungido por el deceso de uno de los líderes liberales de Boyacá y como siempre surge, el periodista “lambón”, que se aparece primero y le da tremendo abrazo ventejuliero y agradece su presencia en tan triste despedida, sin ser de la familia.
Turbay Ayala, pregunta: “y cómo podemos continuar el legado de tan ilustre personaje”, seguramente el periodista “lagarto” o cualquiera de los asistentes, le manifestó, que la forma de rendirle un homenaje al congresista, es ayudarle a cumplir su sueño: Separar a Casanare de Boyacá.
Es ahí donde aparece su hermano, el médico Carlos Hernández Vargas, un profesional, que en su momento era director científico del Instituto de Seguro Social.
Lo presenta el periodista “entrometido” y Turbay le indaga sobre su experiencia política, pero el confiesa que la verdad él estaba mas por los lados de la medicina.
El doctor Carlitos, como le decían sus amigos – era médico de muchos congresistas, entre ellos el, desabrochado, Representante- empresario y un hombre de admirar en Boyacá, Fruto Eluterio Mejía Barón. Ejercía con pasión su trabajo, pero se destacaba por su don de gentes, amabilidad, con el ciudadano del común y servicial cual más.
Menudo de estatura y rasgos de su origen salinero, mostraba usualmente una sonrisa amable y amplios conocimientos del buen manejo del idioma. Con hermano político, pero él le gustaba ayudarle a la gente, pero su accionar estaba por otro lado.
Galante con las mujeres y en verdad tenía éxito con ellas, pues se llevó una Guajira, al altar y ella le dio a los hijos, que Casanare distingue.
Pero se sabe que el doctor Carlitos, también era un hombre de elocuencia en sus momentos claves y más adelante se relata, lo que le dijo a una dama, con, unas palabras que cambiaron la historia de esta tierra.
Parece que el que le heredó la sonrisa, fue Efrén, el hombre que más conocen los casanareños.
Julio César Turbay lo designó como el representante suplente de quien ocuparía la curul de su fallecido hermano, pero luego el nuevo titular, en el congreso, lo nombran por influencia del presidente del partido como embajador en el exterior.
Queda entonces, como Representante a la Cámara en ejercicio por dos años y presenta, la ley para la separación de Casanare.
Antes se había creado el comité, que respalda esa idea y entre otros nombres se mencionan a Fabio Riveros, Edilberto Barreto, Guillermo Días Estrada, Braulio González y Horacio Perdomo.
La invaluable ayuda de doña Berta
La cuestión en el Congreso, no fue fácil, pero acudiendo a la malicia y originalidad de los llaneros, utilizando, su amabilidad y argucia para, el logro de sus objetivos, a alguien se le ocurrió que la persona ideal para lograr apoyo de los “godos”, para sacar adelante esta iniciativa, era una dama con gran poder, porque ayudó a ubicar a Misael Pastrana Borrero en el solio de Bolivar.
La verdad no se sabe si Héctor Gómez Pidiachi, godo solo, tuvo algo que ver con esta idea, porque él era muy conocedor de estas cuestiones, relacionadas, por los contactos de los altos gobiernos y en este caso con los de su partido y obvio la dama en mención lo conocía de vieja data.
Lo cierto es que esta mujer, que le decían Doña Berta, esposa de Mariano Ospina Pérez, ejercía un poder muy grande, varios años después de que se terminara el conflicto liberal conservador.
Berta Hernández de Ospina, mujer antioqueña de raca mandaca, dio de que hablar desde su columna El Tábano, del periódico La República, fue presidenta del partido Conservador y era quien daba los nombres para los candidatos, para la presidencia de la república.
Mejor dicho, era, la que mandaba en la sombra.
El partido liberal y sus congresistas, pese a que tuvieron a las guerrillas, en el llano, que fueron como un apéndice de la colectividad abandonaron a los casanareños y muy poco respaldo dieron a esta idea.
Beto Barreto cuenta, que se llegó al encuentro, con doña Berta, le brindaron una serenata, que no se supo si fue con música llanera o con bambucos y torbellinos, pero eso sirvió para atraer su atención.
Luego vino la intervención del doctor Carlitos, que muestra lo efectiva que resultaba su elocuencia: “Doña Berta usted es una mujer mas de Patria que de partido y los jóvenes que hoy ve ahí que están dándole esta serenata son los biznietos, de los que le dieron la libertad a Colombia”.
Complementó, el representante Carlos Hernández Vargas, argumentándole, que se votaba a los dos días un proyecto de ley, por el cual se creaba un ente territorial llamado Casanare, le recordó que el partido liberal le había volteado la espalda , pero sólo la grandeza de la jefa de los conservadores, haría que el proyecto superara los votos contrarios y que se pudiera cumplir con este sueño.
Pudo mas doña Berta –que todos los liberales aguerridos – porque ella dio la orden a la bancada y se dieron los votos, para que hoy exista este departamento.
La historia entonces dice que los “godos” fueron los que en el momento decisivo crearon con la ley 19 de 1973, la intendencia de Casanare.
Luego vino todo el proceso administrativo, para crear la intendencia y el acto público en Yopal, con presencida del presidente Misael Pastrana Borrero, donde Tirso Delgado cantó Palante Casanareño.
El primer consejo intendencial lo conformaban, Manuel Villanueva, Horacio Perdomo, con suplencia de Reinaldo Venegas, Ordener Chavez, Homero Abril y Eduardo Fonseca Galán.
Casanare debe recordar por esta hazaña a Turbay, Misael Pastrana y no olvidarse de la serenata galante a doña Berta que volvió posible, lo impensable.

Por Danier Porras Leal