Hay noticias que no se redactan: se sienten
Tomado de Las Chivas del Llano
Hoy el periodismo sogamoseño y boyacense está de luto. Falleció Carlos Ballesteros Hernández, uno de esos comunicadores que no necesitaban levantar la voz para hacerse escuchar, porque hablaba con argumentos, con carácter y con verdad.
Conocí a Carlos —a Carlitos, como muchos lo llamábamos con cariño— recién llegué a Sogamoso, a comienzos de los años 80. Él ya estaba allí, haciendo periodismo del bueno, del que incomoda, del que pregunta, del que no se arrodilla.
Trabajaba en Caracol Radio Sogamoso, y su nombre ya era referencia obligada cuando se hablaba de credibilidad y oficio.
Y qué decir cuando plasmó su Gatosuelto, el periódico que saltaba tras la caza de las noticias!!!
Siempre sentí por él una profunda admiración. No solo por su trayectoria, sino por su manera de entender el periodismo como un servicio, como un acto de responsabilidad con la gente y con la democracia.
Cuando estudié en el Colegio Militar Inocencio Chincá (81-83), lo invité en varias ocasiones a dictar conferencias de periodismo. Los estudiantes lo escuchábamos con atención reverente, porque Carlos no hablaba desde la teoría, hablaba desde la calle, desde la cabina, desde la experiencia.
Los años pasaron y la vida nos volvió compañeros de labores en Boyacá 7 Días en 1994. Allí confirmé lo que ya sabía: Carlos Ballesteros era un periodista íntegro, crítico, agudo, pero profundamente humano.
Con el tiempo, aunque cada uno siguió su camino, nunca se rompió del todo el hilo del respeto y la comunicación.
Imposible hablar de Carlos sin mencionar “El Teléfono Rojo”, esa recordada sección de Caracol Radio, un espacio de debate y crítica política que marcó época.
Lo hizo durante la gerencia de Jesús María Palomino Rubio, y lo hizo con firmeza, con argumentos y con una ética inquebrantable.
Hoy se va un grande.
Se va un maestro sin aula, un periodista sin maquillaje, un hombre que entendió que la radio no era solo un micrófono, y que el periodismo no era congraciarse con los gobernantes, sino una responsabilidad con la sociedad.
A la familia de Carlos Ballesteros Hernández, mi abrazo sincero, fuerte y respetuoso. Que sepan que Carlitos no se va del todo: queda en la memoria, en los recuerdos de nosotros sus pupilos, en las enseñanzas, en las discusiones que abrió y en las conciencias que despertó.
Estoy seguro de que hoy, en algún rincón del cielo, Carlitos ya está escribiendo nuevas notas, haciendo preguntas incómodas y pasando llamadas en un Teléfono Rojo celestial, porque los verdaderos periodistas no se jubilan: solo cambian de frecuencia.
Con admiración eterna,
Wilson Durán Durán
Director laschivasdelllano.com
