* Por Juan Carlos Niño Niño
Ante los cuestionamientos que se han suscitado por los deudores del convenio ICETEX Casanare, en donde mi amigo y colega Oscar Medina nos señala en su reciente columna como «Tramposos», es necesario precisar que la discusión no está en que los usuarios no pagamos el empréstito educativo, sino en que el mencionado convenio fue absolutamente negligente en la administración de estos préstamos, y lo único que hizo bien fue desembolsar estos recursos a los usuarios, porque no nos dio absolutamente ninguna posibilidad de iniciar el pago del mismo.
A partir del desembolso, el convenio se convirtió en un verdadero fantasma del que nadie sabía nada a ciencia cierta, teniendo en cuenta las innumerables veces que durante los últimos años uno le pedía los mecanismos de pago, pero se limitaban a decir que en su debido momento notificarían por escrito el monto total de la deuda, el valor de las cuotas y el tiempo de pago, haciendo cumplir las reglas de juego del convenio, incluida la figura de la condonación parcial del crédito por trabajar en el Departamento, pero en ningún momento se tomaron la molestia de cobrarnos esa obligación.
En otra palabras, a lo largo de más de veinte años el Convenio ICETEX Casanare nunca expidió una sola resolución, circular o cualquier tipo de medida para que los beneficiarios iniciáramos el pago de la deuda, o una simple misiva escrita en donde le dijeran a uno que una vez terminado el año muerto del crédito, se acercara para discutir los términos de la condonación y empezar el pago de las correspondientes cuotas, o si querían ser más prácticos que le enviaran a uno la factura de la primera cuota.
Es injusto que algunos sectores solo señalen como culpables a los usuarios de estos créditos, muchas veces con el ánimo de figurar o aparecer como defensores de los créditos educativos para las nuevas generaciones, cuando lo verdaderamente álgido ha sido una ineficiencia administrativa sin precedentes del Convenio ICETEX Casanare, que en ningún momento mostró el menor interés por recuperar esa cartera, lo que implica una rigurosa investigación de la procuraduría, la contraloría y la fiscalía.
A finales de la década pasada me acerqué a la sede del ICETEX en Bogotá, para comentarles que por mi propia iniciativa le había hecho unos aportes económicos a una cuenta de esta entidad crediticia educativa (para empezar a pagar el mencionado crédito), teniendo en cuenta que nadie me decía cómo hacer ese procedimiento, pero para mi sorpresa me dijeron que el entonces Gobernador Raúl Flórez les había quitado la responsabilidad de cobrar ese crédito, precisamente cuando el ICETEX se disponía a iniciar el proceso de cobro, y que ahora tenía que dirigirme a la Gobernación de Casanare para que me indicara la forma de pago, y no sobra decir que en la Administración Departamental me pidieron esperar y nunca quisieron dar una cuenta para pagar el crédito.
Algunos quieren exaltar el «altruismo administrativo» del entonces Gobernador Marco Tulio Ruiz, porque el Instituto Financiero de Casanare (IFC) decidió entregarle el cobro de esta cartera a una empresa de abogados, cuando lo que el mandatario departamental debió adelantar inicialmente fue una reestructuración del mencionado convenio, incluida una estrategia técnica y financiera para iniciar la recuperación de esa cartera, pero no darle la espalda el Gobernador Marco Tulio Ruiz a seis mil usuarios casanareños, que la mayoría no son políticos, empresarios o portentosos ganaderos ni tienen el poderoso capital de Él (supongo que su descendencia no necesitará jamás un crédito educativo), sino casanareños de bien que no necesariamente por terminar una carrera significa que tengan una buena situación económica, que ahora tendrían que saltar matones por los altos interés que vendría a cobrar esa empresa de abogados.
Coletilla: Que hay detrás de todo eso? No lo sé.
Lo único cierto es que en los pasillos del Congreso de la Republica y en los metideros políticos en Casanare se dice que detrás de esa delegación del cobro de los créditos educativos hay un jugoso negocio. Pero eso no le corresponde a esta columna, sino a las autoridades competentes… Digo yo, como dice Oscar Medina.
