MIGUEL ÁNGEL MARTÍN, LA VOZ LLANERA QUE NO APAGARÁN NUNCA NI LOS MÁS RECIOS VIENTOS DEL OLVIDO

Por Mg. DELFÍN RIVERA SALCEDO

En el llano se escuchó el eco infinito de “Sobre los llanos la palma… Sobre los llanos la palma… Sobre los llanos la palma…”, “Sobre la palma los cielos… Sobre la palma los cielos… Sobre la palma los cielos…”, “Sobre mi caballo yo… Sobre mi caballo yo… Sobre mi caballo yo…”, “y sobre yo mi sombrero… y sobre yo mi sombrero… y sobre yo mi sombrero…”, y así durante centurias esta copla que creara el libertador de Casanare por allá entre los años 1811 y 1817, el imbatible y heroico coronel Ramón Nonato Pérez, versos enraizados en el corazón de los llaneros simbolizando la libertad y la independencia, hizo que el alma y el sentimiento de llaneridad  de Miguel Ángel Martín lo guiara para fundir en una sola pieza literaria la cultura de los llaneros.

Así, Miguel Ángel, como buen llanero, acostumbrado a decir las cosas pronto y de una manera exacta, escribió sobre el llano convencido de que, la expresión escrita es mucho más perdurable y mucho más estable pudiendo servir de enseñanza a las gentes. Él, consideraba al llano como el territorio más hermoso, más rico, y más apasionado del orbe y a los hombres y mujeres de la canicular planicie orinocense los describe en sus oficios, con su vestimenta, su joropo, sus cantares y su habla, interactuando con el susurro del viento y los pajonales sabaneros o las vegas de los ríos y el cielo tachonado de luceros.

Con disciplina de monje se dedicó a difundir la cultura llanera, a investigarla y a plasmarla en un libro que trasmutó en varias versiones y se sintió honrado y feliz de presentarle al mundo su obra titulada “Del folclor llanero”. Pienso que Miguel Ángel diría: no solo de topocho y carne seca vivirán los llaneros. Y pensó en darle a cada criollo un libro con que saciar el hambre de su identidad cultural. Porque si bien es cierto que abogaba por el desarrollo económico del llano lo que realmente el llano pedía a gritos era su reivindicación identitaria porque tenía muy claro que, si no se gozan los frutos del espíritu llanero, el llanero se convertiría en esclavo de una terrible organización social. Y, nada mejor que un libro para perpetuar las tradiciones del llano.

Libros, muchos libros, sobre su cultura es los que necesita el llano pareciera ser su consigna. Él, pensaba con Menéndez Pidal, uno de los ilustrados más indiscutibles de Europa, que el lema de la República llanera debía ser: “Cultura. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, sí, pero falto de luz”.

Este libro es una biblioteca llanera en miniatura. Una voz contra el desconocimiento de lo nuestro, el tizón guardacandela para encender la llama y romper la oscuridad. ¿Y acaso el lector que tenga este libro en sus manos sabrá del esfuerzo, el sufrimiento, el insomnio, y la sangre que costó escribirlo? Y ante el aletargamiento de la sociedad de la planicie este libro la estremeció y le enseñó nuevos horizontes de consolidación como cultura llanera.

Ya lo decía mi amigo Eduardo Mantilla Trejos que los llanos se gobernaban con los libros de los cronistas que llegaron con los conquistadores o tropas de bandidos enviados desde Europa, cronistas generalmente clérigos que venían a imponer el dios cristiano a sangre y fuego y con las escasas obras literarias de los llaneros que nos resistíamos a ver desaparecer nuestra cultura en el olvido. Nuestra literatura y nuestra historia fueron escritas por advenedizos que desconocían nuestras leyes naturales, nuestra lengua y nuestros dioses. Pero el llanero siguió luchando con sus coplas, su poética, su demosofía, su habla, su soga, su caballo, su ganado y su horizonte para eternizar, para difundir, para fijar el pensamiento y la idiosincrasia llanera.

Quisiera pensar que, así como los monasterios antiguos salvaron a la humanidad porque toda la cultura y el saber se refugió en sus claustros, el libro “Del folclor Llanero” salvó del olvido nuestra memoria, nuestra llaneridad. Por lo tanto, dejará de ser un objeto cultural para convertirse en motor de afianzamiento de nuestra identidad.

Este libro tiene que continuar cumpliendo un fin social en pro de la llaneridad; dentro de unos años ya se notará en el llano, sin duda alguna un mayor nivel de conocimiento de nuestra cultura. Y esta generación que hoy lo lee es necesario que sepa que Miguel Ángel Martín no trabajó para él sino para los que veníamos detrás, y que éste es en último caso, el verdadero sentido de la vida.

Los seis capítulos de este libro y sus dos apéndices compendian magistralmente el acervo cultural de la etnia llanera.

Estas escasas letras que pretenden presentar a la sociedad del mundo la obra de Miguel Ángel Martin, no pueden dejar de mencionar a Nancy Castañeda de Martin, la artífice de esta incomparable edición puesto que además de realizar su revisión y compilación hasta obtener esta maravillosa versión escrita de nuestra cultura, se echó al hombro el sueño de Miguel Ángel hasta convertirlo en este obelisco antropocéntrico del llanero. Felicitaciones Nancy. Este esfuerzo merece todos los honores académicos y toda la admiración y gratitud de los llaneros.

Finalmente quisiera resaltar que en el capítulo EL ROMANCE, LA COPLA Y EL POEMA, el libro trae una obra poética de Miguel Ángel Martín, llamada El Centauro Casanareño, en honor a Ramón Nonato Pérez el lancero invencible, y que mereció el elogio del escritor Fernando Soto Aparicio cuando afirma que: “un hermoso poema de Miguel Ángel Martín, otro de los “duros” que supo cantarle al Llano con una voz que no apagarán nunca ni los más recios vientos del olvido”