Gabo con liqui liqui en Estocolmo y Otoniel pata al suelo en Berlín

Por Danier Porras Leal

Reportaje  que quedó por hacerse  con Otoniel Castañeda

Inconforme con la asistencia de público, al certamen de Casanare Palpita, el cronista de El Relator del Llano, expresó su insatisfacción y con algunos colegas, manifestaba su preocupación, por lo que sería el futuro del folklore llanero, especialmente en el Contrapunteo; En ese momento aparece – por la calle 28 de Yopal- un hombre muy conocido, por ser uno de los pocos que todavía, andaba descalzo con sombrero, llanero  y camisa a cuadros, levantada en sus mangas, como se da en la sabana y pantalón arremangado.

Con su bigote negro y sus patillas al estilo Vicente Fernández, mantenía una imagen que acentuaba su origen campesino llanero.

Se sentó a conversar muy temprano de este evento, en el cual él había participado, pero como expendedor de su café las Tres  Tapias, franquicia  que impulsó, con gran creatividad, con unos resultados económicos, aceptables.

Comentó que sus ventas, habían sido muy pocas en El Casanare Palpita de Aguazul y argumentó que la sede de este evento, en el que se gastan millones, debe ser siempre Yopal.

Inmediatamente la comparación se hizo  con el Cimarrón de Oro, del que se coincidió en que debían educar al público, para que aprendiera y disfrutara del contrapunteo.

Habló con propiedad del tema, pero la conversación no se terminó, ya verán porque…

Icono llanero

Este hombre, que un paro cardiaco, se lo llevó de este mundo en forma tempranera era icono del llanero puro.

Así lo vivía, lo sentía y lo exponía en su presentación diaria, por las calles de Yopal. Tristemente hoy ver un hombre descalzo, con pata grande y calluda, como dice el poema del Cachi Ortegón, causa extrañeza y hasta hilaridad, en una ciudad, invadida  por gente proveniente de todo el país.

En Alemania descalzo con frío y todo

Así con la pata al suelo, la camisa de cuadros estilo vaquera y el pantalón arremangado estuvo en Berlín y se mostró al mundo.

Ahí se convirtió en icono llanero y desde Europa, mostró a un criollo sabanero, sin más adornos que un costoso sombrero pelo guama, que quien sabe quien le regaló, lo demás era ropa cotidiana de un campesino en su finca.

En la moto sin casco pero con sombrero

A pesar de que, montaba a caballo, como los mejores jinetes; en Yopal, se movía en moto, por estas concurridas avenidas, que cada vez tienen más conductores imprudentes y acelerados. Incumpliendo  la norma de la utilización de casco para transitar en  motocicleta, porque prefería siempre llevar el sombrero puesto a pesar de las restricciones.

Aún no sabemos cómo logró convencer a los agentes de tránsito que lo veían con el borsalino, moverse por Yopal, evadiendo esta exigencia.

Pese a todo, parece que nunca tuvo accidentes o algún inconveniente, por mantener su identidad llanera, aún encima de una moto.

El lector, seguramente,  ya sabe de quien se habla, en este recuerdo, de un hombre, que en Casanare, Colombia y algunos sitios del mundo  fue conocido, como El Gran Llanerazo u Otoniel Castañeda.

Comunicador de la Llaneridad

Verdadero cultor de la llaneridad, que le aportó con su reality, mucho al folklore y  al conocimiento de la vida en los Llanos, en épocas anteriores, cuando había grandes hatos y la ganadería se hacía en  travesías de Arauca a Villavicencio.

Con El Gran Llanerazo, se pudo conocer, cómo era atravesar un río crecido, llevando 100 novillos por El Cusiana o el Meta.

Otoniel entendió que este trabajo del llano, no podría, permanecer por siempre y con los cambios de la sociedad casanareña, no quedarían si no los recuerdos.

Por esto , el aporte al quehacer del Llano, con sus labores, su música, sus danzas, su gastronomía  y demás riquezas que tiene la tierra plana, debía mantenerse pero ya como un legado cultural.

Eso lo entendió perfectamente e intentó institucionalizarlo,  de una forma didáctica y hasta lúdica.

Fue un esfuerzo, grande y aunque tuvo muchos colaboradores, faltó el

apoyo público o privado para se consolidara y se mantuviera en el tiempo.

Su reality tuvo acogida y así le llegara   el “agua” hasta donde le  llegara, lo realizó hasta hace pocos años.

El último lo realizó en Santa Bárbara de Barinas, en Venezuela, donde con aportes de amigos, contó con 25 participantes, entre hombres y mujeres y revivió una escena que plasma lo rudo pero alegre, que pasan los llaneros, en sus cotidianidades.

Hubo concurso encierro de ganado, monta de potro certero, atravesada del río con la maletera a cuestas, con contenía, la ropa y el  bastimento.

Otoniel, fue un apasionado de su llano, pero además se adelantó a su tiempo,  para que las labores de esta región del país, se inmortalizaran, no como actividad laboral sino culturalmente.

No se supo que haya tenido muchos estudios, tal vez  mi Dios, en su sabiduría le dio el don de amar al llano, entenderlo y estudiarlo sin ir a la academia.

Pero sin estudio  o con él, Otoniel se convirtió en comunicador social, no titulado que mostró facetas de actor, realizador audio visual y relator de la llanura, como pocos.

Nació en Aguazul y tenía 54 años según lo cuenta uno de sus “panas” , más allegados : El carpintero sogamoseño, Germán Avella.

También puede contar mucho de el su amigo el ingeniero, de La Esprillista, Andrés Rueda.

Amante de cine

Se le vió andando por Yopal con el destacadas figuras del cine y la televisión colombiana, logrando concretar importantes proyectos audio visuales, que mostraban su tenacidad para impulsar iniciativas creativas.

Su proyecto El Pacto, tenía ya muy avanzada su financiación y junto con el comunicador Alan Castillo, también tuvo importantes logros en proyectos cinematográficos.

Llanero no muy rico pero famoso

En alguna oportunidad lo vimos cuando Beto Barreto,  era famoso, ser entrevistado, desde Yopal, por Raúl Benoit, que vino con un equipo completo de Univisión a hablar de machismo y resultó conversando con Llanerazo y otros criollos.

La recta final

Vamos con la recta final de esta nota, terminando de contar lo que hablamos, en el último encuentro con Otoniel y el Folklore llanero.

Contó que el contrapunteo, se hacía cuando se iba en las grandes ganaderías y los copleros comenzaban a cantar, echándose puyas unos con otros. Los que iban de un lado le echaban coplas provocadoras a los que iban por el otro trayecto del traslado de los bichos en la sabana.

Nos pareció tan interesante lo que explicó, que decidimos postergar la charla para otro día y hacer una entrevista en Facebook y radio, más extensa.

Tristemente la entrevista no se alcanzó a hacer, por no efectuar las cosas, sin pensarlo tanto. El esperado reportaje con Otoniel, a quien veíamos seguido, en las calles de Yopal, se quedó pendiente y este escrito, resulta ser una disculpa con El Gran Llanerazo, a quien el destino, le hizo acelerar su partida.

Pero queda la historia con comparación de ver a Gabo de liquiliqui en Estocolmo y a  Otoniel -pata al suelo- en Berlín, convertido en icono, del embrujo verde que se confunde con el cielo como lo cantó  Arnulfo Briceño.