Por Danier Porras Leal
El hombre enviado por la doctora Emilsen de Cancino, llegó sín líos a Maní para participar en la elección como personero. Doña Emilsen destacada jurista externadista y hoy decana de la facultad de derecho- era la esposa, del abogado, muy prestante *Antonio José Cancino, ya fallecido, que brillaba, grandemente en su labor de hacer respetar el derecho y también especulaban, que le fascinaba deleitarse con el dios baco, en las tiendas convertidas cantinas cercanas a la externado, donde los viernes por la tarde estudiantes costeños y cachacos se tomaban la zona para escuchar vallenatos y deleitarse con las embriagante águila o costeña, que eran las cervezas de moda en esa época.
Estos centros de diversión universitaria, estaban ubicadas, en la empinada calle 12 que llega hasta la vía circunvalar y en su ascenso el visitante se deleita con los bellos jardines de la Externado, que la convierten en la Universidad “más bella del mundo”, gracias a ese amor por la naturaleza, que Fernando Hinestroza Forero inculcó en quienes construyeron este claustro.
El inexperto concejal de Maní, fue a hablar con la doctora Emilsen y obviamente la encontró en su despacho, que era la oficina de ex alumnos del Externado, de la cual era su presidenta. Ella una auténtica dama bogotana, rola de la más rancia estirpe y muy elegantemente vestida, pero con gran recato, lo recibió, con entusiasmo y se mostró complacida que, en un pueblo distante del Casanare, hubiera un comunicador social periodista externadista y que encima fuera concejal, quien sabe porque milagros de la vida.
El corporado maniseño, que llegó al concejo de esta población llanera, por sugerencia del profesor Enrique Caicedo Guerrero, hermano del abogado Tirso, quien obtuvo curul, con buena votación, pero como sus ocupaciones, no le permitieron ejercer, por lo tanto, dejó a su segundo renglón, que era el visitante de la presidenta de la Asociación de ex alumnos e iba a reclamar su carnet, que lo identificaba como egresado de este importante centro académico.
El hombre salió muy contento, por portar este documento, tanto, que le dio un abrazo y las gracias a tan prestante dama y recordó que, en Maní, estaba por elegirse el nuevo Personero.
Mas por acomedido, que, porque la mesa directiva del Concejo hubiera hecho alguna petición de conseguir un abogado, para que fuera electo- el inexperto cabildante- se despidió de la doctora, Emilsen, contándole que se iba a elegir el personero,
por lo que sugirió que sí fuera posible presentar alguna hoja de vida de algún abogado externadista, para esta posición y ella acogió la idea con mucho entusiasmo.
Fue mucho más acuciosa la doctora de Cancino, que la mesa directiva, del concejo, que no hizo ninguna convocatoria pública, para elegir al representante del ministerio público y más bien se manipuló la cosa, para que eso se mantuviera en silencio y en últimas se iba a elegir a un buen hombre de Maní, pero sin título profesional y solo con la experiencia que daba trabajar en la administración pública.
Tan acuciosa fue la destacada jurista, que a los pocos días llegó su “Pupilo” a la capital turística de Casanare o la tierra de la bandola y sin mayores líos, apareció en al Almacén Santa Marta, de la localidad, donde se encontraba el concejal, que lo llevaría a ocupar la personería de esta localidad.
Impactado venía el hombre de ver tanta llanura y no observar a kilómetros un cerro como los que estaba acostumbrado en Bogotá o los municipios de Cundinamarca, donde había salido electo personero.
Sea como sea estaba allá y confiaba en el comunicador externadista que la cosa de su elección, era “pan comido”.
Esa noche se celebró, su llegada, como se aprecia la visita de un foráneo, en los pueblos pequeños, de calles polvorientas y de geografía llanera: con entusiasmo y afecto.
El calor maniseño hacía que la humanidad del abogado, citadino, se viera inundada de sudor, que le corría por el cuerpo y obligaba a buscar un refresco frío, para deleitar la garganta.
Corrió buena cerveza, por los dos contertulios, ingeridas, primero, en tiendas callejeras y luego en los Bohíos, el establecimiento frente a la alcaldía, propiedad, del concejal Augusto Albarracín.
En esa jornada , las ganancias de don Julio Mario Santo domingo, dueño por esos años de las cerveceras colombianas, aumentaron una buena cuantía, porque aunque no eran sino dos bebedores, la cuenta salió alta y la cantidad de cerveza consumida, en las cifras de Bavaria, eran importantes, al sumar cuanto se gastaba cada parroquiano, en esta bebida en una noche.
El alborozo y entusiasmo era grande, por la posible, elección del abogado externadista, pero el concejal inexperto-no malició- que los políticos son iguales en Maní, en Casanare, en Colombia y el mundo.
Para estos cargos, – más en esas épocas- primaba el compadrazgo y las conveniencias, que las hojas de vida brillantes, para ejercer esta posición, que es vital, para la vigilancia administrativa de un municipio.
En esos años, ni soñar, con concursos de méritos y otras de las exigencias, que se tienen para estos cargos, como ahora.
Lo cierto fue que llegó el día de la elección y al concejal, novato, no le faltó sino hacer el lobby con todos los demás colegas, hecho insólito en un caso como estos.
Por supuesto- que a la hora de la votación- la derrota fue total y al abogado externadista le tocó volverse con sus títulos y experiencia, en el derecho, para su Cundinamarca del alma.
Al concejal inexperto le quedó la enseñanza de no meterse en política, porque en todas partes hay intereses y priman siempre estos, sobre el conocimiento y el esfuerzo por lograr un título.
Esta perorata, para matizar con recuerdos, lo que ocurre desde hace muchos años, con estos funcionarios, que cumplen una labor- muy importante- la de impedir, que un alcalde se convierta en reyezuelo.
Ahora con la situación que se presenta con los personeros de Maní, Tunja y el personero de Villanueva, donde los alcaldes, se sienten perseguidos por los representantes del ministerio público, en el municipio, se generan reacciones, en las cuales, se nota que no se quiere que se cumpla con las funciones de un personero.
Mas grave la cosa si el “dueño” del pueblo, tiene la personería, en el mismo edificio de la alcaldía, como ha ocurrido en muchas partes del país, cuyos municipios, no cuentan con un presupuesto propio, para que la Personería, actúe con la independencia que un cargo de esta naturaleza,
Ni se crea que esto sucede solo en pequeñas localidades, donde la situación se vuelve insostenible, como ocurre en Tunja, donde el alcalde Ruso Mikhail Krasnov, desalojó la personería, sin importarle nada, los problemas que esto genera, para la búsqueda de una nueva sede o los riesgos, de archivos o equipos de una dependencia, que necesita privacidad y respeto para que la función del ministerio público se ejerza apropiadamente.
Aquí no se tuvo en cuenta, nada de que la capital boyacense, es la muy noble y leal ciudad de Tunja, que le da la fama de ser culta y con gran cantidad de Universidades, donde continuamente, se gradúan profesionales en todas las áreas.
Nelson Andrés Villabona, su personero, le tocó instalar una carpa, para ubicar sus corotos y desde allí despachar.
En el caso de Casanare, se tienen dos casos, que se han conocido y que muestran que los alcaldes, poco les gusta tener la personería en su propia “casa”.
Son los hechos, que refieren a Maní, donde su personera, Alejandra Ramírez, tiene hasta miedo, de seguir en el cargo, por los anuncios del alcalde Ferney Chaparro, de desalojarla, hecho que al fin no se ha sabido si se concretó o no.
Lo cierto es que, como lo dijo la personera, en una rueda de prensa-en Yopal- se genera un ambiente hostil y en el caso de Maní, como en la mayoría de localidades, donde no la van con el que representa al ministerio público, le entorpecen su labor institucional a como dé lugar.
Lo grave es que, en municipios, que no son capitales o tienen categoría menor, la Personería no tiene presupuesto propio y toca rogarle al alcalde para que le gire, en una colaboración inter administrativa, que resulta humillante.
Usualmente esto surge, porque cómo el personero, no es funcionario de la alcaldía, pues tiene su autonomía, para hacer los requerimientos y observaciones que considere pertinente, independientemente de lo que diga el ejecutivo tomándose sus requerimientos y observaciones como una persecución personal.
Se vuelve difícil conciliar, por cuanto, un mandatario, quien maneja el presupuesto del municipio, prácticamente, cree que cómo tiene que girarle recursos a la personería, para su funcionamiento- el funcionario que ocupe este cargo- debe ser de su confianza o no decirle nada para no contrariarlo.
Algo similar también pasó en Villanueva, con el alcalde, abogado Héctor Vizcaíno, aunque allí, la cuestión cómo que al final se concilió.
Pero hay dos factores que hacen que los personeros, no puedan ejercer con plenitud sus cargos, al menos en algunos municipios. Uno el hecho de que los elija una corporación política, que, en su gran número de casos, los maneja el alcalde, porque tienen mayorías.
Indirectamente, el alcalde influye en la elección y este queda con algo de poder sobre un funcionario, que según la ley es autónomo en sus decisiones.
Usualmente, la Personería, se vuelve como una entidad que vigila, pero a medias y toca llevarse bien, con el ejecutivo, para que no se tengan problemas con el giro de los recursos para su funcionamiento.
El otro factor que hace que los personeros, se vean afectados, por las presiones de los alcaldes en su contra, es la falta de normas precisas, en la ley que especifique, que, en los municipios de baja categoría, es obligatorio que se apropie un presupuesto, sin mayores discusiones.
Que el giro de los recursos, no sea de acuerdo a la voluntad o el genio del alcalde.
Ahora, no ocurre, como en las épocas del comunicador concejal en Maní, donde eso se hacía a dedo completamente; en estos tiempos se tienen los famosos concursos de méritos, pero cada vez que se realiza un concurso de estos son mas las controversias y desaciertos los que dejan, que todos los que no lo pasan, terminan demandando.
En un tiempo se confiaba en la seriedad de las Universidades, para realizar estos concursos, pero en el caso de Yopal y Casanare, esta confianza se perdió, con la pérdida de la información, por parte de la UPTC, para elegir secretario general del concejo y con la Universidad de Cartagena, con lo ocurrido, con el concurso para elegir contralor departamental.
Como ocurre en los últimos años, en Casanare y el país, los concursos, se quedan en demandas y contra demandas, que llenan de desconfianza a los ciudadanos, de la transparencia para elegir, personajes, que son fundamentales, para que la Democracia, no sea letra muerta en la Constitución, si no que efectivamente se aplique en los municipios.
Hay nombres de abogados, que se presentan a todos los concursos y no los pasan, por lo que se dedican a buscarle defectos a esta labor de hacer un proceso transparente para los cargos públicos de importancia.
Volviendo a la perorata del comienzo y los tiempos, del comunicador externadista concejal, de estas letras, hago un homenaje a personajes, que compartieron la curul, con el inexperto, corporado: Mauricio Blanco Angarita, Augusto Albarracín, Hernán Rodríguez, Don Ángel Montes, Luisa Condía, Rafico Días, Jorge Carpintero y otros que en este momento no se retienen.
Ellos ciudadanos del común, pero sencillos y buena gente, permitieron ayudar a conocer este llano bravío, del cual no nos vamos.
“Aquí termina el relato que mi memoria recuerda”, dice el poema del maestro Héctor Paul, que inmortalizó la grandiosa voz de Juan Harvey Caicedo y aquí termina esta nota que pretende que el ciudadano respete a sus personeros y les de la trascendencia que ellos tienen en la vida del municipio.
*Antonio José Cancino, fue muy conocido, porque uno de sus casos, fue el del famoso, Elefante, que ingresó al palacio de Nariño, en épocas en que era presidente Ernesto Samper Pizano, quien se vio envuelto en escándalo nacional, por el supuesto ingreso en su campaña de dineros del narco tráfico, con la llamada monita “retrechera”.
Quien dijo lo del elefante fue monseñor Pedro Rubiano Sáenz, que expresó: “ Se les metió el elefante al palacio de Nariño y no se dieron cuenta”.
Además, el prestigioso jurista llevaba casos tan delicados, por lo que tuvo un atentado, en el salió milagrosamente ileso, pero murieron dos de sus escoltas.
