Crónica de viaje con mirada histórica de mi visita a Praga

Praga es, en definitiva, una ciudad donde el pasado no está encerrado en los museos: camina con los que la visitamos sus calles. Es una página abierta de la historia de Europa, escrita en piedra, agua, música y memoria.

*Por: lic. *Hernán Antonio Fajardo Becerra

Praga: la ciudad de las torres, los puentes y la memoria de Europa Hay ciudades que se conocen caminando por sus calles; otras se conocen leyendo sus monumentos. Praga pertenece a las dos categorías. La capital de la República Checa es, al mismo tiempo, una ciudad viva y un enorme libro de piedra en el que se pueden leer más de mil años de historia europea. Levantada a orillas del río Moldava —Vltava, en checo—, Praga conserva en sus plazas, iglesias, palacios, puentes y callejuelas las huellas de reyes de Bohemia, emperadores, reformadores religiosos, artistas, escritores y protagonistas de algunos de los grandes acontecimientos políticos del continente. Su centro histórico fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1992. 

Los orígenes de una ciudad milenaria

La historia de Praga se remonta mucho más allá de sus monumentos medievales. Existen evidencias de asentamientos humanos antiguos en la región, pero uno de los momentos fundamentales de su formación fue el establecimiento del Castillo de Praga hacia finales del siglo IX, asociado al príncipe Bořivoj de la dinastía de los Přemyslidas.

Desde entonces, el castillo se convirtió en centro del poder político y religioso de Bohemia. Con el paso de los siglos, aquel primitivo asentamiento se transformó en un enorme complejo arquitectónico que todavía domina el paisaje de la ciudad.

Praga fue creciendo alrededor del río y de sus antiguos núcleos urbanos. El territorio fue testigo del desarrollo del Reino de Bohemia y, posteriormente, de la incorporación de las tierras checas a los dominios de los Habsburgo.

Pero hubo un gobernante que cambiaría para siempre el rostro de la ciudad: Carlos IV.

Carlos IV y la edad de oro

En el siglo XIV, durante el reinado de Carlos IV, rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Praga experimentó una extraordinaria transformación.

En 1348 se fundó la Universidad Carolina, una de las instituciones universitarias más antiguas de Europa. Ese mismo año comenzó también la construcción de la Ciudad Nueva. El obispado de Praga había sido elevado a arzobispado en 1344 y se emprendió la monumental construcción gótica de la catedral de San Vito.

A este periodo pertenece también uno de los símbolos más universales de la ciudad: el Puente de Carlos.

El Puente de Carlos: piedra sobre el Moldava

El Puente de Carlos comenzó a construirse en 1357, después de que una gran inundación destruyera buena parte del anterior Puente de Judith. La obra fue desarrollada bajo el patrocinio de Carlos IV y estuvo relacionada con el arquitecto y constructor Petr Parléř. Fue terminada a comienzos del siglo XV.

Durante siglos fue una vía fundamental para comunicar las dos orillas de Praga. Hoy es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.

Sus aproximadamente 515 metros de longitud, sus torres medievales y la sucesión de esculturas que lo acompañan crean una de las imágenes más reconocibles de Europa. Muchas de las esculturas originales han sido sustituidas por copias para protegerlas de la acción del tiempo.

Pero el puente no es solamente una obra arquitectónica. Es también un lugar de memoria. Por él pasaron comerciantes, soldados, procesiones, viajeros y personajes de distintas épocas. El Moldava, debajo de sus arcos, parece llevar consigo la memoria de la ciudad.

La Plaza de la Ciudad Vieja

Al caminar por la Plaza de la Ciudad Vieja, nos encontramos con otro de los grandes escenarios de la historia de Praga.

Allí se encuentra el antiguo Ayuntamiento y su célebre Reloj Astronómico, instalado en 1410. Es uno de los relojes astronómicos medievales más antiguos que todavía funciona.

La plaza también recuerda momentos difíciles. En ella se desarrollaron acontecimientos relacionados con las guerras husitas y, en 1621, fueron ejecutados 27 dirigentes protestantes después de la derrota de la rebelión bohemia contra los Habsburgo.

Así, la belleza arquitectónica de la plaza convive con una memoria política y religiosa profundamente marcada.

Praga y la Reforma religiosa

La ciudad fue uno de los grandes escenarios de la transformación religiosa de Europa.

Entre sus personajes históricos sobresale Jan Hus, sacerdote, predicador y reformador religioso que cuestionó aspectos de la Iglesia de su tiempo. Sus ideas tuvieron enorme influencia en Bohemia y contribuyeron al movimiento que posteriormente desembocaría en las guerras husitas.

Praga fue, por tanto, mucho más que una ciudad de reyes y arquitectos: también fue escenario de debates sobre la fe, el poder, la autoridad y la sociedad.

El Castillo de Praga

Desde distintos puntos de la ciudad puede contemplarse el Castillo de Praga, uno de sus grandes símbolos.

Su origen se sitúa alrededor del año 880. A lo largo de más de mil años fue residencia de príncipes y reyes de Bohemia, sede imperial y, desde 1918, sede de la Presidencia de la República. El complejo reúne construcciones de diferentes épocas y estilos, entre ellas la Catedral de San Vito, la Basílica de San Jorge, el antiguo Palacio Real y el famoso Callejón del Oro.

Más que un castillo en el sentido tradicional, es una verdadera ciudad dentro de la ciudad.

Sus piedras cuentan la historia de la formación del Estado checo y de las transformaciones políticas de Europa Central.

De los Habsburgo al nacimiento de Checoslovaquia

Durante casi cuatro siglos, desde 1526 hasta 1918, las tierras checas estuvieron vinculadas a la monarquía de los Habsburgo. Praga continuó siendo un importante centro cultural y político, aunque compartió protagonismo con otras capitales de la monarquía.

El final de la Primera Guerra Mundial produjo una transformación decisiva. En 1918 nació Checoslovaquia, y Praga se convirtió en capital de la nueva república.

El siglo XX, sin embargo, no sería tranquilo para la ciudad. Praga atravesó la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, la instauración del régimen comunista después de 1948 y, posteriormente, los acontecimientos de 1968 relacionados con la Primavera de Praga.

La Revolución de Terciopelo

Uno de los capítulos más importantes de la historia contemporánea de Praga ocurrió en noviembre de 1989.

El 17 de noviembre, una manifestación estudiantil en la ciudad fue reprimida por la policía. El acontecimiento desencadenó una movilización ciudadana cada vez mayor que condujo al derrumbe pacífico del régimen comunista en Checoslovaquia. Este proceso es conocido como la Revolución de Terciopelo.

Entre sus protagonistas estuvo el dramaturgo y disidente Václav Havel, quien posteriormente se convertiría en presidente de Checoslovaquia y, tras la división del país, en el primer presidente de la República Checa.

En 1993, Checoslovaquia se dividió pacíficamente en dos Estados: la República Checa y Eslovaquia. Praga permaneció como capital de la nueva República Checa.

Una ciudad donde la historia permanece

Hoy Praga recibe visitantes de todo el mundo, pero su verdadera riqueza no está solamente en sus monumentos.

Está en la posibilidad de caminar por el Puente de Carlos al amanecer, contemplar el Castillo desde la ribera del Moldava, detenerse ante el reloj de la Ciudad Vieja o perderse por las estrechas calles de Malá Strana.

Es también la ciudad de Kafka, Dvořák, Mozart, Jan Hus, Carlos IV y Václav Havel; una ciudad donde la literatura, la música, la religión, la política y la arquitectura se entrelazan. El Instituto Nacional del Patrimonio de la República Checa destaca precisamente esa continuidad cultural que ha vinculado a Praga con grandes figuras del arte, la ciencia y la política europea.

Praga, memoria de Europa

Praga no parece haber sido construida de una sola vez. Cada siglo dejó una piedra, una torre, una iglesia, una plaza o una historia.

El Moldava continúa atravesando la ciudad como lo ha hecho durante siglos. Sobre él permanece el Puente de Carlos; en lo alto continúa dominando el Castillo; y abajo, en las plazas y callejuelas, la ciudad sigue viviendo.

*Miembro fundador del centro de historia de Casanare miembro de la academia ramón nonato Pérez , miembro honorario de las academias de historia de Cúcuta y norte de Santander