12 de octubre: una fecha para mirar nuestra historia y reconocer nuestra identidad

POR: LIC. HERNÁN ANTONIO FAJARDO BECERRA

MIEMBRO FUNDADOR DEL CENTRO DE HISTORIA DE CASANARE

Cada 12 de octubre, Colombia y buena parte de América vuelven la mirada hacia un acontecimiento ocurrido hace más de cinco siglos: la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas en 1492.

Una fecha que durante mucho tiempo fuebpresentada como el “Día de la Raza”, pero que hoy exige una mirada más amplia, crítica y respetuosa sobre nuestra historia, sobre los pueblos que habitaban estas tierras y sobre el largo proceso que dio origen a las sociedades americanas.

No se trata únicamente de recordar un viaje transatlántico. Se trata de comprender el encuentro —

y también el choque— entre dos mundos. América no era una tierra vacía ni desconocida para

quienes la habitaban. Antes de la llegada de los europeos existían pueblos con sus propias lenguas,

culturas, sistemas de organización, conocimientos agrícolas, tradiciones espirituales y formas de relacionarse con la naturaleza.

La llegada de los españoles produjo profundas transformaciones. Llegaron nuevas instituciones, una nueva religión, nuevas formas de producción y de organización política, pero también enfermedades, guerras, sometimiento y la pérdida de innumerables vidas y expresiones culturales.

Posteriormente, la presencia africana, marcada en gran medida por la tragedia de la esclavización, incorporó nuevos saberes, ritmos, formas de resistencia y manifestaciones culturales que hoy son inseparables de nuestra identidad.

Colombia es, precisamente, resultado de ese complejo proceso histórico. Somos indígenas, europeos, africanos y mestizos; somos Caribe, Pacífico, Andes, Amazonía y Orinoquia.

Somos una nación diversa que no puede comprenderse desde una sola raíz.

En esa diversidad está una de nuestras mayores riquezas.Para quienes habitamos los Llanos Orientales, esta reflexión tiene un significado particular.

El llano no nació con la República. Mucho antes de las campañas libertadoras, estas extensas sabanas estaban habitadas por pueblos indígenas que desarrollaron conocimientos profundos sobre el territorio, los ríos, los animales, las plantas y los ciclos de la naturaleza.

Con el paso de los siglos se fueron formando nuevas comunidades y nuevas expresiones culturales.

El caballo, el ganado, el arpa, el cuatro, las maracas, el canto, el trabajo de llano, la cocina tradicional, la copla y el joropo fueron construyendo una cultura propia, resultado de múltiples raíces y de la capacidad de los habitantes de esta región para apropiarse de su territorio y transformarlo en una forma de vida.

Por eso, hablar del 12 de octubre también es hablar de memoria histórica. Una nación que desconoce su pasado corre el riesgo de repetir sus errores y de perder aquello que le da sentido a su existencia. La historia no debe servir para alimentar odios entre pueblos, sino para comprender cómo llegamos a ser lo que somos. Debemos reconocer tanto las grandezas como las tragedias de nuestro pasado.

Cinco siglos después, no podemos mirar 1492 con los mismos ojos de quienes vivieron aquel acontecimiento.

La sociedad ha cambiado y también nuestra manera de interpretar la historia. Hoy tenemos el deber de reconocer la dignidad de los pueblos indígenas, valorar la herencia africana, comprender la influencia europea y reivindicar el mestizaje como uno de los elementos fundamentales de la sociedad colombiana.

Pero también debemos recordar que la historia de Colombia no terminó con la conquista.

Después vinieron las luchas por la autonomía, la Independencia, la construcción de la República y las innumerables batallas sociales que han marcado nuestro devenir.

En ese largo camino participaron hombres y mujeres de todas las regiones. Indígenas, campesinos, afrodescendientes, mestizos, mujeres, soldados y dirigentes populares contribuyeron, de una u otra manera, a la construcción de la nación.

Por ello, el 12 de octubre puede convertirse en una fecha para preguntarnos qué significa ser colombianos.

Ser colombiano no consiste únicamente en haber nacido dentro de unas fronteras. Es reconocer una memoria común, respetar la diversidad, defender el territorio, valorar nuestras tradiciones y comprender que la patria se construye todos los días.

También significa reconocer a quienes durante generaciones han trabajado la tierra, cuidado los ríos y preservado las tradiciones. Significa valorar al campesino que produce nuestros alimentos, al indígena que protege sus territorios ancestrales, al afrodescendiente que mantiene viva una extraordinaria riqueza cultural y a todos aquellos hombres y mujeres que, desde los lugares más apartados de Colombia, mantienen viva la nación.El 12 de octubre, entonces, no debería ser solamente una fecha del calendario escolar ni una conmemoración distante.

Debe ser una invitación a conocer nuestra historia y a reconocernos en ella.

No somos una sola raíz: somos un árbol de muchas raíces.

En sus raíces indígenas, europeas y africanas se encuentra buena parte de nuestra memoria; en su tronco está la historia de Colombia y en sus ramas se encuentra el país que seguimos construyendo.

Que esta fecha sirva, por tanto, para mirar nuestro pasado sin prejuicios, reconocer nuestras heridas sin ocultarlas, celebrar nuestras riquezas culturales y trabajar por una nación donde la diversidad no sea motivo de división, sino razón de orgullo.

Porque la patria no es solamente una bandera, un himno o un territorio. La patria también es memoria. La patria es identidad. La patria es diversidad.

Y la patria, sobre todo, es el compromiso de construir juntos el país que queremos legar a las nuevas generaciones.

Este 12 de octubre, más que preguntarnos de dónde venimos, preguntémonos qué Colombia queremos construir a partir de la historia que hemos heredado.

No se trata únicamente de recordar un viaje transatlántico. Se trata de comprender el encuentro — y también el choque— entre dos mundos. América no era una tierra vacía ni desconocida para quienes la habitaban.

Antes de la llegada de los europeos existían pueblos con sus propias lenguas, culturas, sistemas de organización, conocimientos agrícolas, tradiciones espirituales y formas de relacionarse con la naturaleza.

La llegada de los españoles produjo profundas transformaciones. Llegaron nuevas instituciones, una nueva religión, nuevas formas de producción y de organización política, pero también enfermedades, guerras, sometimiento y la pérdida de innumerables vidas y expresiones culturales.

Posteriormente, la presencia africana, marcada en gran medida por la tragedia de la esclavización, incorporó nuevos saberes, ritmos, formas de resistencia y manifestaciones culturales que hoy son inseparables de nuestra identidad.

Colombia es, precisamente, resultado de ese complejo proceso histórico. Somos indígenas, europeos, africanos y mestizos; somos Caribe, Pacífico, Andes, Amazonía y Orinoquia.

Somos una nación diversa que no puede comprenderse desde una sola raíz.

En esa diversidad está una de nuestras mayores riquezas.Para quienes habitamos los Llanos Orientales, esta reflexión tiene un significado particular.

El llano no nació con la República.

Mucho antes de las campañas libertadoras, estas extensas sabanas estaban habitadas por pueblos indígenas que desarrollaron conocimientos profundos sobre el territorio, los ríos, los animales, las plantas y los ciclos de la naturaleza. Con el paso de los siglos se fueron formando nuevas comunidades y nuevas expresiones culturales.

El caballo, el ganado, el arpa, el cuatro, las maracas, el canto, el trabajo de llano, la cocina tradicional, la copla y el joropo fueron construyendo una cultura propia, resultado de múltiples raíces y de la capacidad de los habitantes de esta región para apropiarse de su territorio y transformarlo en una forma de vida.

Por eso, hablar del 12 de octubre también es hablar de memoria histórica.

Una nación que desconoce su pasado corre el riesgo de repetir sus errores y de perder aquello que le da sentido a su existencia. La historia no debe servir para alimentar odios entre pueblos, sino

para comprender cómo llegamos a ser lo que somos. Debemos reconocer tanto las grandezas como las tragedias de nuestro pasado.

Cinco siglos después, no podemos mirar 1492 con los mismos ojos de quienes vivieron aquel acontecimiento.

La sociedad ha cambiado y también nuestra manera de interpretar la historia. Hoy tenemos el deber de reconocer la dignidad de los pueblos indígenas, valorar la herencia africana, comprender la influencia europea y reivindicar el mestizaje como uno de los elementos fundamentales de la sociedad colombiana.

Pero también debemos recordar que la historia de Colombia no terminó con la conquista. Después vinieron las luchas por la autonomía, la Independencia, la construcción de la República y las innumerables batallas sociales que han marcado nuestro devenir. En ese largo camino participaron hombres y mujeres de todas las regiones. Indígenas, campesinos, afrodescendientes, mestizos, mujeres, soldados y dirigentes populares contribuyeron, de una u otra manera, a la construcción de la nación.

Por ello, el 12 de octubre puede convertirse en una fecha para preguntarnos qué significa ser colombianos.

Ser colombiano no consiste únicamente en haber nacido dentro de unas fronteras. Es reconocer una memoria común, respetar la diversidad, defender el territorio, valorar nuestras tradiciones y comprender que la patria se construye todos los días.

También significa reconocer a quienes durante generaciones han trabajado la tierra, cuidado los ríos y preservado las tradiciones. Significa valorar al campesino que produce nuestros alimentos, al indígena que protege sus territorios ancestrales, al afrodescendiente que mantiene viva una extraordinaria riqueza cultural y a todos aquellos hombres y mujeres que, desde los lugares más apartados de Colombia, mantienen viva la nación.El 12 de octubre, entonces, no debería ser solamente una fecha del calendario escolar ni una conmemoración distante. Debe ser una invitación a conocer nuestra historia y a reconocernos en ella.

No somos una sola raíz: somos un árbol de muchas raíces.

En sus raíces indígenas, europeas y africanas se encuentra buena parte de nuestra memoria; en su tronco está la historia de Colombia y en sus ramas se encuentra el país que seguimos construyendo.

Que esta fecha sirva, por tanto, para mirar nuestro pasado sin prejuicios, reconocer nuestras heridas sin ocultarlas, celebrar nuestras riquezas culturales y trabajar por una nación donde la diversidad no sea motivo de división, sino razón de orgullo.

Porque la patria no es solamente una bandera, un himno o un territorio.

La patria también es memoria. La patria es identidad. La patria es diversidad. Y la patria, sobre todo, es el compromiso de construir juntos el país que queremos legar a las nuevas generaciones.

Este 12 de octubre, más que preguntarnos de dónde venimos, preguntémonos qué Colombia queremos construir a partir de la historia que hemos heredado.

DOS ENFOQUES SOBRE ESTA FECHA:

1: ENFOQUE HISTÓRICO TRADICIONAL: El Encuentro de Dos Mundos – 12 de Octubre de 1492

El 12 de octubre de 1492 marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Ese día, tras 70 días de navegación, Cristóbal Colón y su tripulación avistaron tierra en lo que hoy conocemos como América.

Al mando de las carabelas La Niña, La Pinta y La Santa María, los navegantes europeos llegaron a las costas del Caribe y se encontraron con las civilizaciones que ya habitaban el continente desde hace miles de años.

Las 3 carabelas: La Santa María: Nave capitana. 23 metros de eslora. Naufragó en diciembre de 1492. La Pinta: La más rápida. Fue la primera en avistar tierra. La Niña: La más pequeña. Sobrevivió a los 4 viajes de Colón. La tripulación Aproximadamente 90 hombres. La mayoría marineros de Palos, Moguer y Huelva, España.

El lugar de llegada: Colón llegó a una isla del Caribe. Los historiadores debaten si fue Guanahaní, hoy San Salvador en Bahamas.Este «descubrimiento» inició un proceso de intercambio sin precedentes: de culturas, idiomas, alimentos, ideas y también de conflictos. Fue el inicio de la conexión permanente entre Europa y América, un hecho que transformó para siempre el mapa político, social y cultural del mundo.

2: ENFOQUE ACTUAL

12 de Octubre: Día de la Diversidad Cultural y la Resistencia

El 12 de octubre de 1492 no fue un «descubrimiento». América ya existía. Ya tenía pueblos, lenguas, saberes y gobiernos propios. Lo que ocurrió ese día fue un encuentro, y también el inicio de la colonización.

Hoy, 533 años después, esta fecha nos invita a mirar la historia completa. A reconocer la resistencia de los pueblos indígenas y afrodescendientes que preservaron su cultura pese a la violencia. A valorar la riqueza de la mezcla que somos: indígenas, europeos y africanos.

En Casanare y en Colombia es momento de reconocer a los pueblos indígenas y afrodescendientes que sostuvieron el territorio, la lengua y la memoria pese a todo. Somos el resultado de esa mezcla: raíz indígena, europea y africana. Celebrar el 12 de octubre es celebrar esa diversidad. Es entender que nuestro presente y nuestro futuro se construyen reconociendo todas las voces que habitan este país.

Esta fecha es para reflexionar sobre memoria, identidad y territorio. Para celebrar la diversidad cultural que nos define y para seguir construyendo un país que reconozca todas sus raíces.

LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DE CASANARE FRENTE A ESTA FECHA

Amanecía en el Caribe cuando las velas de tres barcos rompieron el horizonte. Era el 12 de octubre de 1492.

Ese día el mundo se hizo más grande y más chico a la vez. Más grande porque dos continentes se miraron por primera vez. Más chico porque empezó una historia compartida, con luces y con sombras.

En Casanare lo sabemos bien. Aquí, en la sabana infinita entre Hato Corozal y Paz de Ariporo, viven los guardianes de esa memoria. Son los Sikuani, los Piapoco, los Sáliba, los Amorua. Y junto a ellos, caminando la tierra desde hace siglos, están los Maiben Masiware, Wamonae, Waüpijiwi, Yamalero, Tsiripus y Yaruros. Diez pueblos. Diez formas de entender el agua, el viento y la palabra.

Para ellos el 12 de octubre no es fiesta. Es espejo. Es el día en que miramos hacia atrás para entender quiénes somos hoy: hijos de la mezcla, nietos de la resistencia.En Orocué, en los resguardos de Paravare y El Suspiro, los abuelos siguen enseñando a los nietos a sembrar y a curar con plantas.

En Caño Mochuelo, las mujeres sálibas siguen tejiendo chinchorros mientras cuentan historias en su lengua.

533 años después, Casanare sigue siendo territorio indígena. Y mientras haya río, habrá canto. Mientras haya sabana, habrá memoria Sáliba tejiendo canastos tradicionales.

El tejido es parte de la memoria cultural del pueblo

«El 12 de octubre es memoria y resistencia para los pueblos del Caño Mochuelo»

Autoridad Tradicional del pueblo Sáliba – Resguardo Caño Mochuelo, Hato Corozal y Paz de

Ariporo, Casanare» Para nosotros el 12 de octubre no es para celebrar. Es para recordar. Ese día empezó la invasión a nuestros territorios, a nuestra lengua sáliba y a nuestra forma de gobernarnos. Hoy en Caño Mochuelo seguimos 10 pueblos: Sikuani, Piapoco, Sáliba, Amorua y los pueblos nómadas. Nos toca resistir cuidando el río, la sabana y a los abuelos. Pedimos al país que este día sirva para escuchar. Sin territorio no hay pueblo. Sin agua no hay vida. Casanare nació

indígena y así debe seguir. «Somos diversidad: raíz llanera que viene de antes de las carabelas»

Gobernador del Resguardo Paravare – Orocué, Casanare» En Orocué y en todo Casanare convivimos. En la última cumbre de autoridades nos sentamos con la Gobernación para hablar de salud, educación y proyectos productivos. El 12 de octubre nos recuerda que de ese encuentro nacimos los llaneros de hoy.

Pero fue un encuentro desigual. Por eso ahora exigimos que se respete nuestro gobiernobpropio y nuestro Plan de Vida. Que esta fecha sea para enseñar en los colegios que antes de 1492 ya había medicina tradicional, cultivos y organización aquí. Que sea para que los jóvenes indígenas no olviden su cultura.»

LIC. HERNAN ANTONIO FAJARDO BECERRA

BERLIN, ALEMANIA 11 DE OCTUBRE 2026