Palabras babosas

 

Por Gustavo Gómez Córdoba

“Le disparó sin mediar palabra”. En Colombia somos dicharacheros, parlanchines y hablamos duro, pero la mayoría de los crímenes mortales con arma de fuego se hacen “sin mediar palabra”.

Uno imaginaría que, tratándose de sicariato, el asesino a sueldo diría algo (por ejemplo, un nombre) para asegurarse de que es la víctima correcta. O, que, si se trata de un acto de intolerancia (eufemismo para desvanecer la palabra violencia), mediarían algunas groserías. Pero no, al tenor de las informaciones mediáticas, estos asesinatos suelen desarrollarse en silencio, con un mutismo propio de guion cinematográfico.

Como si el delito estuviese dotado de una especie de acto ceremonial, sin ruido diferente al del percutor del arma o la aceleración de la moto en que escapa el asesino. Frente a este lugar común no queda sino guardar… ¿respetuoso silencio? “Personas inescrupulosas”.

La maldad nos hiere. Nos vulnera. Nos acosa. Tal vez por eso el periodismo, eligiendo el camino de informar sin incomodar más de la cuenta, adoptó estas dos palabras que le dan un toque menos crudo a los hechos.

Personas inescrupulosas se llevan el cobre de los cables de comunicación, personas inescrupulosas vierten químicos en un río, personas inescrupulosas exigen pagos a nombre de entidades, personas inescrupulosas suplantan a los funcionarios de las empresas de servicios… Ni ladrones, ni estafadores, ni timadores. No: son personas inescrupulosas.

Serán lo que sea, pero, ante todo, son personas. La persona, como se sabe, es un individuo de la especie humana.

Lo que no se sabe tanto es el origen de la palabra: el latín persōna, que significa “máscara de actor”, “personaje teatral”.

En el teatro que es la vida, todos somos actores. En Colombia, además, florecen los “actores del conflicto”.

Pero esa es otra historia. “Uno de los sectores más golpeados”. Frase favorita de los periodistas económicos, que mantiene una estrecha relación con “el sector jalonador”.

La oración presupone que todos los sectores han sido “golpeados”.

Durante los años de Petro en el poder, el blanco de la golpiza fue directo, con nombres y apellidos.

¿Debe un gobierno ser estricto con el empresariado y exigirle que contribuya al desarrollo del país? La respuesta es sí.

Y siempre están listos para hacerlo. Las formas y las maneras son otra cosa.

Es una calentura peligrosa suponer que los empresarios son delincuentes, conspiradores, agiotistas, explotadores y esclavistas. Socavar el aparato productivo del país y señalar a quienes generan empleo (pagan impuestos y prestaciones) es darse un tiro en un pie. Mejor no: con Petro se vino abajo la Salud y las citas siguen demoradas.

“Cuestionado contratista”. Estamos aquí frente a delincuentes que, una y otra vez, y con todo tipo de argucias jurídicas, se apoderan de los recursos públicos.

Son ladrones de alto turmequé que se las arreglan para no perderse contrataciones y licitaciones que, además, suelen cumplir irregularmente.

Cuando la justicia les echa mano, enferman y requieren de tratos especiales. Operan desde las prisiones, que convierten en “despachos”, donde atienden a sus palafreneros y socios.

O reciben privilegios que les permiten ir a la calle, a disfrutar su botín cómodamente, y hasta se hacen acompañar de atractivas parejas que los llenan de hijos (a veces concebidos tras las rejas).  “No tiene otro propósito que la paz”.

Palabras que hacen alusión a personajes dispuestos a todo (incluso dinamitar el estado de derecho).

Modus operandi: visitar cárceles en busca de testimonios de fango, irrigar con dineros públicos a los congresistas, blindar narcotraficantes y prometerles beneficios; investir como mediadores a pavorosos asesinos y disfrazar de ciudadanos arrepentidos a criminales sin retornos éticos.

Caen en la trampa los medios al reproducir frases de este calibre, que acuñan quienes necesitan, a punta de machacar la idea, hacer pasar la impunidad y el derrumbe de la justicia como algo natural.

De los mismos creadores del “decretazo” y el “tarimazo”. Lugares comunes sin rodeos:  – “Petardo de regular poder” (explosivo indeterminado). – “Tensa calma” (incertidumbre… ¿cómo puede haber tensión si hay calma?). – “Penosa enfermedad” (dolencia cuya revelación genera problemas con una encopetada familia). – “Fatal desenlace” (muerte) – “Presunto” (responsable de la acción). – “Oscuro prontuario” (no tomarse el tiempo de confirmar los delitos que comprometen al sujeto).  – “Invitado muy especial” (un entrevistado). – “Ciudadano extranjero” (venezolano). – “Rompió su silencio” (habló).  – “Una situación muy compleja” (algo que no sabemos explicar).  – “Pronóstico reservado” (el enfermo está grave). – “El paciente se encuentra estable” (no se sabe cómo realmente está el paciente). – “Lleno total” (¿existe un lleno parcial?). – “Burgomaestre” (alcalde) y “galeno” (médico). – “Líquido perlático” (leche) y “vital líquido” (agua). – “Ingentes esfuerzos” (no se pudo). – “Estaremos muy pendientes” (pasamos a otras noticias). – “Tocar fondo” (vivir siempre jodidos). – Y el nuevo campeón de las muletillas en el periodismo: “es decir” (que se usa cuando no se supo qué decir).

*** Retaguardia. Si progresismo tiene que ver con progresar, ya vamos entendiendo cómo tanta gente se hizo rica en los últimos cuatro años. El cambio, pero de bolsillo. (Publicado en El País América, 09/09/26).