Cartagena: Encanto, mar y llanto llanero

Estar en la “Fantástica” siempre es placentero y su magia se siente. Eso lo resaltamos, pero hay personas y hechos -simples-que trascienden en una ciudad que todos quieren.

Por Danier Porras Leal

Cartagena amanece y desde un piso alto de la zona de Bocagrande , se observa que el mar Caribe va cambiando su coloración matizada con el lento despunte del sol que choca con las aguas, formando unas tonalidades, propias del trópico colombiano. Al frente está el hotel Hilton que ya parece parte del paisaje -de la cuna de Rafael Núñez- y cuyo encanto aumenta cada día, con una arquitectura, particular – como una media pirámide-,diferente a las torres de apartamentos, que hoy pululan en la heroica.

Bety la Fea la mas recordada en icónico hotel local

Este albergue de millonarios, trae al recuerdo las andanzas nocturnas, en Cartagena, con el periodista, Hugo Montes y otros colegas, disfrutando la noche en el corralito y observando frente al hotel Caribe, muchas jóvenes mujeres buscando clientes de su venta de sexo callejero.

El Caribe otro bello, refugio con su construcción antigua colonial, que según explican los que saben es una edificación de estilo neoclásico antillano, que ha hecho la historia en esta ciudad y ha tenido muchos huéspedes,  muy ilustres, pero nunca tan conocidos como Bety La Fea y su jefe Armando cuando estaban en devaneos de amores.

Eso fue lo que contó un vendedor estacionario, que destacó ese solo detalle para resaltar tan fastuosa, construcción que, con la iluminación nocturna, se convierte en una atracción más, de esta querida ciudad.

Elucubraciones al ver mar

El mar está a 200 metros y deja todas esas sensaciones de estar en una tierra colombiana, pero distinta de la zona de dónde hemos llegado.

Viendo la inmensa masa de agua, se sugiere, que los pocos o muchos que lean estas notas, acudan al celular- que hoy lo puede todo- y busquen al pintor venezolano, Armando Reverón que plasmó en sus lienzos, al mar que queda frente a la zona de la Guaira, hoy conocida más por los efectos que dejó el terremoto, en la vecina república, que por la memoria de uno de los artistas que mejor pintó los paisajes marinos

De Reverón dicen los expertos que el que haya visto sus cuadros, nunca más volverá a ver el mar de la misma forma.

Si el maestro venezolano, viviera seguramente se iría a Barú donde el mar es claro y sus aguas azules verdosas con colores tan hermosos, que su paleta se enriquecería y su pincel no pararía de pintarlas.

Son elucubraciones, que se hacen estando en la capital de Bolívar, la ciudad que más visitantes atrae en Colombia y que tiene el turismo como su medio de vida. El mar está a sus orillas y la convierte en un destino obligado para cualquier colombiano, por lo menos una vez en la vida.

El cartagenero: cordial sin zalamería

Cartagena de Indias tiene su magia y eso se refleja, en su casco histórico, en sus modernas construcciones, en la vecindad del mar o su rica gastronomía. Claro, por encima de todo esto, se encuentra su gente; ciudadanos unos ricos y otros muy pobres, que, con su estilo de hablar, costeño, como se le dice en el interior, diferente al barranquillero o al samario, expresan una cordialidad sin zalamería.

“Cadtagena” está divina decía doña Maribucha

“Cadtagena”  está divina, decía doña maribucha en la Luciérnaga de Caracol, personaje, creado por Guillermo Díaz Salamanca y que resaltaba las bondades de esta tierra, pero además como era muy chismosa, se sabía todo sobre la sociedad cartagenera y los políticos colombianos. Ese acento tan propio, que le daba esta dama, inexistente, hablaba tan cartagenera, que muchos colombianos, terminamos haciendo realidad sus palabras.

También Margalida Castro en su genial interpretación de Sussy Borda Lavalle  -en la telenovela Gallito Ramírez-, la catapultó, como Cartagenera, nata y muchos nos enteramos del léxico y estilo de la gente que vive cerca de la ciudad amurallada.

Hoy al recorrer las calles y hablar con su gente, notamos que ese acento característico del cartagenero, hacen que el visitante se sienta en confianza para disfrutar sus atractivos.

 La mujer cartagenera  entre  Doña “Maribucha”, “Sussy Borda Lavalle” y Karla Calvo

Esta retahíla, sale del pensamiento, porque eso deja pisar tierra Caribe y el lector disculpará, por tan larga introducción para hablar  de los llaneros casanareños de rumba y capacitación por la Costa Atlántica Colombiana.

Esas interpretaciones – la de la dama Imaginaria de alta estirpe- de Guillermo Díaz, o -la dama de alta sociedad, Sussy Borda Lavalle – que interpretaba Margalida Castro, no se queda en el solo personaje de la telenovela y el programa de humor.

Hoy de alguna manera vemos, que esas damas están vigentes y en nuestro caso una mujer, las representa y es protagonista, de esta historia -surgida con alegría y  llanto, entre playa, brisa, mar y con casanareños de paseo por Bocagrande.

La dama de ahora, es una mujer, que es psicóloga, teóloga,  pastora bautista y docente que toca fibras, con sus talleres y lo que parece una simple charla, se convierte en un alimento para el alma.

Se trata de la profesional Karla Calvo,  que lo primero con lo que impacta es un su reluciente calzado dorado, que termina con puntas y que le hace que se resalte su personalidad con tan vivos colores.

Su vestimenta, con un traje, también de llamativo color rosa muy vivo , hace juego  con el mismo color en el labial, con que adorna su rostro.

Pero la cosa no se queda ahí, porque sus párpado también llevan sombra colorida de un azul verdoso.

Todo es color en su presentación, muestra a una mujer caribe, por todas partes y de ahí la semejanza, con estos personajes que han popularizado en los medios radiales y televisivos nacionales.

Taller de psicoterapia y Teo terapia que hizo llorar a más de uno

Karla nació en Bogotá y tiene una historia, de película, que, al escucharla, se comienza pensando que no es cierto todo lo que dice.

A los pocos meses de nacida la llevaron a Cartagena, ciudad de la cual, no se ha vuelto a separar y transmite su mensaje con fluidez y capta la atención del escenario que tiene al frente.

Ella le da gracias a Dios, por haber sido entregada en adopción a la que considera la mejor familia del mundo.

Asegura que todos podemos ser mejores si sanamos las heridas que hay dentro de nosotros. Esto no lo dice por puro formalismo, sino que lo explica, con testimonios y da claridad sobre lo que todos llevamos dentro y cómo eso se refleja luego con el correr de los años.

Sostiene que logramos mucho cuando aprendemos a conocernos a nosotros mismos.

Su testimonio arranca, contando que fue una niña adoptada desde los cuatro meses, ya que su progenitora fue una mujer que parió 12 hijos, varios de los cuales los entregó a otras personas.

A esta mujer, le dieron un diagnóstico equivocado, de que tenía cáncer y que iba a fallecer pronto, por lo que entregó en adopción a 8 de sus hijos.

Sostiene que las personas, vienen con un cúmulo de cosas – positivas y negativas -que fueron vividas desde el nacimiento y recibidas de las personas que las criaron.

Este es uno de sus testimonios, al respecto, lo cuenta con serenidad y sin remordimientos: “ yo le tenía animadversión al agua de panela la tradicional bebida , que en un alto porcentaje  consumen los colombianos”. “Me producía, dolor, me afectaba el estómago y era una sensación que me afectaba toda”, relata.

Muchos años después- en un reencuentro con sus hermanos- supo, que, a ella con lo único, que la alimentaron los primeros 4 meses de vida fue   con agua de panela, antes de ser entregada en adopción en Cartagena.

Al conocer la causa del trauma, por el agua de panela, su situación cambió y hoy aunque no la consume, tampoco, siente las dificultades que antes tenía.

Cuando conoció a su progenitora a la edad de 34 años, supo que su papá había sido policía y ella fue oficial de la Institución, sin conocer ese antecedente.

Sostiene que las leyes de Mendel, o se las de la herencia biológica, se reflejan en el ser humano.

Charla para personal que trabaja con pacientes

Los “llaneros” en capacitación son profesionales unos y otro personal que labora con el hospital regional de la Orinoquia y fueron a disfrutar unos días de descanso, en la Costa Atlántica. Dentro del calendario previsto, en esta actividad se contemplaba una capacitación en el hotel Bahía, refugio que parece sacado de una película de Hollywood, de los años 40, bello lugar, con pisos de colores marrones y con olor a añejo.

Usualmente en estos viajes de placer, la capacitación, pasa desapercibida y muchos de los concurrentes, desisten de asistir.

En este caso una buena parte de los viajeros asistió y al comienzo escucharon con pereza a la conferencista: Karla Calvo.

Karla, con su paciencia recibió a sus concurrentes, les habló de la carga sicológica, con que los médicos y personal de salud, deben atender pacientes y recordó que muchos son hasta agredidos, por familiares de los que están hospitalizados, por lo que recomendó que el que trabaja en un hospital debe tener tranquilidad Psicológica y mental.

En tono alto, con acento cartagenero y excelente manejo de su léxico, Karla fue levantando el interés de los “llaneros” y los metió en el cuento de la charla, quitándoles ese deseo de salir rápido, para irse a disfrutar las playas o actividades recreativas en la ciudad fantástica donde se encontraban.

Antes de terminar su taller Karla Calvo, les solicita a los “llaneros”, sacar un papel y escribir, las cosas buenas o malas que les dejaron sus padres. Ahí fue Troya, porque es el momento del clímax, en esta capacitación.

Ella les recuerda que deben anotar, las cosas buenas, pero también las cosas malas, por lo que genera una reacción como preocupada por quienes deben dar respuestas a estas solicitudes.

La cosa no termina ahí, porque la persona, debe levantarse y leer lo que escribió. Unos afirmaban que sus padres eran buenos, les dieron estudio, los criaron con principios y no les faltó nada; eso como aspectos positivos, pero cuando se da información de las cosas malas, algunos relataron que fueron maltratados, humillados, castigados u otra acción nada positiva.

Mujeres y hombres exponen sus casos y todos se sienten tocados, por los recuerdos. Personas, adultas profesionales, con buen trabajo al ir detallando lo negativo se estremecen y el llanto aparece.

Uno de los concurrentes alto y muy sonriente durante la gozadera cartagenera, avanza en su lectura delante de todos y se turba cuando cuenta las cosas negativas y las lágrimas, no las puede contener.

También se conoció que, en otro grupo, de personal del Horo -que también estuvo en este taller- cuando se dio este momento, empezó a llorar y se salió del recinto, sin que nada lo detuviera.

Así mismo dos jóvenes médicos- también de paseo- se tomaron muy en serio el tema y contaron experiencias, con un ejercicio enriquecedor.

Lo que conforma el yo de una persona

Karla, explica que lamentablemente uno como ser humano, quiere recordar solo las cosas buenas, que le sucedieron en la crianza de los padres a los hijos, pero es necesario por salud espiritual, conocer las cosas negativas también.

El propio yo de una persona la conforman ese cúmulo de cosas, preciosas y dolorosas que se traen. Cuando se logra esto se descubre, que se libera de un peso, que llevaba por dentro y aflora la tranquilidad.

Si usted amable lector, ha seguido esta “retahíla”, le sugerimos, que haga una terapia similar; en una hoja en blanco, escriba las cosas buenas y negativas, que tuvieron en la crianza de sus padres, ojalá en grupo.

Cuando termine léalas a otras personas que estén con usted. Si puede envíenos un mensaje de cómo fue su reacción.

Murallas, historia, convención bancaria y marihuana

Cartagena es una ciudad que no envejece, pero su historia, se lee en su arquitectura colonial y sus monumentos. La Torre del Reloj, la Iglesia de San Pedro Claver, la de Santa Catalina de Alejandría, las plazas donde se deleitan los visitantes con buena bebida y abundante merienda, son muestra de que la heroica sigue intacta.

Las murallas, no paran de recibir visitas y turistas de todo el mundo, las retratan a cada instante.

Mientras los viajeros recorren las callecitas de Cartagena llenas de encanto, pregonando con sus balcones toda su historia, como lo escribió Evelia Porto de Mejía, el cartagenero pobre, el del común, que apenas tiene para sobre vivir, disfruta de su ciudad a su manera.

Precisamente al frente de la Torre del reloj, en el andén, que colinda con el muelle de los Pegasos y que tiene cerca al Centro de Convenciones, donde por esos días se realizaba la convención bancaria un hombre que ofrece servicios de viajes, le pasa no muy discretamente, “el cachito de marihuana ” a otro hombre joven con melena larga y desarreglada, de color moreno que sin importarle tanta historia, belleza y que cerca estuvieran los más importantes banqueros  del país, se acuesta, en el andén a pleno día y consume su “maracachafa”, sin que nadie le diga nada. Al parecer la marihuana era la tipo,  cripy que por su olor trasciende a varios metros a la distancia.

La cordialidad de la gente de Cartagena

Llega la hora del retorno a Yopal y sin perder tiempo caminamos de prisa por la avenida que atraviesa la base naval de la armada y al paso de una vía que no tiene semáforo, una mujer que labora controlando el paso de los vehículos, nos pregunta si vamos a pasar la calle. Se le contesta que sí y ella, ordena al tráfico que se detenga, dejando toda la hilera de vehículos esperando hasta quien esto escribe pase la vía.

Esa es la cordialidad de la gente de la Heroica, como la bautizó Simón Bolivar.

Retorno y nostalgia

El retorno al Casanare se da y con nostalgia la mente se llena de las imágenes de esta estadía en una Cartagena con encanto, mar y llanto llanero.