Oda radial con Arrastría, Piedrahita y Uriel para despedir con aclamación a Rafael Antonio Niño

Por Danier Porras Leal

La algarabía de la radio, se escuchaba en el Sogamoso de ese tiempo en un radio Philips, de tubos, que Uriel Porras dueño del Almacén Santa Marta, había comprado, para escuchar la música- que hoy llaman chucuchuco- las noticias, el fútbol con Carlos Arturo Rueda o Armando Moncada los domingos y las carreras de ciclismo, que ya comenzaban a hacer furor en pueblos y ciudades del país.

El negocio estaba ubicado en la carrera 11 en un local, propiedad del Arrendajo, tauramenero esposo de la ex senadora María Izquierdo de Rodríguez y  era un lugar céntrico, donde se tertuliaba de deportes, sobre Millonarios en el fútbol y de Cochice, del principe de Marinilla, de don Coraje y Rafael Antonio Niño, que hace poco nos dejó, y a quien queremos recordar con estas notas.

Uriel socotense criado en el campo en la Finca la Cabrerita, llamada así porque el lugar es hermoso, pero rodeado de grandes peñas, en las cuales se criaban las cabras. Allí transcurrió su niñez  llevando estos animales por unos riscos tan pendientosos que gracias a Dios no le pasó nada, ni a él ni a sus hermanos y hermanas.

De allí partió para el bravío llano casanareño, a contribuir a  impulsar el comercio de Yopal no sin antes pasar por la ciudad del sol, dónde construyó una casa grande donde dejó a Elsita con sus cinco hijos.

Oyente incógnito de Rcn y el ciclismo

Uriel fue uno de esos aficionados al deporte de las bielas incógnito, que se emocionaba escuchando a Alberto Piedrahíta con el argentino  Julio Arrastria Brica contar las hazañas de un  grupo de arriesgados deportistas, que en bicicleta corrían la vuelta a la juventud, la vuelta a Colombia o el Clásico Rcn.

Piedrahita con voz prodigiosa, pero de mando y credibilidad, y Arrastría – con acento argentino- y sus dichos populares, eran las estrellas de unos oyentes que seguían fielmente, pegados al tránsitor las incidencias y en muchos casos las ocurrencias, de estos maestros de la comunicación, sin imágenes.

Las incidencias, porque desde los transmóviles de Rcn, que era la “insignia” en el ciclismo, encaramados en la escotilla, observaban el panorama, en la carretera y tenían todo dispuesto, para seguir lo que ocurría en las competencias.

Que se escapó cochice Rodríguez, del lote; que Alvaro Pachón, se fugó en el descenso o que Luis H Días, del Valle, “galopaba” a su antojo, en el terreno plano, eran algunas de las miles de incidencias que relataba Piedrahita, en el transmovil número uno

 

En el transmovil dos, iba otra estrella de la narración ciclística Darío Alvarez Rodríguez un paisa que a todo pulmón contaba lo que veía y transmitiendo el ciclismo en pista, no ha tenido parangón .

 

El comentarista, del dos, era el profesor Héctor Urrego Caballero, si el recuerdo que se tiene en la mente es exacto. Claro, esto se escribe sin Inteligencia artificial.

 

Y en el tres José Antonio Churio, el negro churio, un narrador alegre,como que era oriundo de la Costa pero, vivía en Bucaramanga, con su voz  y guapachosa, gustaba muchos a los afiebrados de la radio que religiosamente, escuchaban en Am, para saber lo que pasaba con las carreras de ciclismo.

 

El comentarista del transmovil tres, si la memoria no engaña, era Jairo Chávez Avila

 

Uno de esos millones de afiebrados al ciclismo, a la radio- con su gritería- y su mundo mágico era precisamente, Uriel Porras, que desde Sogamoso en el Santa Marta matizaba su trabajo de ventero de telas, camisas, pantalones, botones, cremalleras, medias y tantas cosas mas, con el acompañamiento en el dial de la Rcn o Caracol, que entusiasmaba.

 

“Hasta luego vida mía si te he visto no me acuerdo”

Fue ese el escenario donde alguno de los locutores que iba en transmovil número dos, que transmitía desde el lote secundario,  narró la aparición de un jóven boyacense, pero que corría por Cundinamarca, de un municipio llamado Cucaita, ascendió como una tromba, descontó como 7 minutos, alcanzó a los punteros y se convirtió en líder de la vuelta a Colombia.

 

Nacía una leyenda del ciclismo, que hace pocos días se fue a correr en el mas allá: Rafael Antonio Niño.

 

Los 7 minutos se los descontó a figuras como Gustavo Rincón que iba como líder y Miguel Samacá, bautizado por Carlos Arturo Rueda, como don coraje.

 

Es como si hoy en día, en el Tour de Francia Taded Pojacar, la figura mas fulgurante del momento en el ciclismo mundial, llegara un muchacho de 20 años subiendo al Tourmalet, le descontara 7 minutos y fuera de eso le sacara otros 7 quitándole el liderato y aumentándole el tiempo en la general.

Mejo dicho hizo lo que dijo Arrastría en sus transmisiones: “ Hasta luego vida mí se te he visto no me acuerdo”.

Rafael era un muchacho  de 20 años, que hacía poco tiempo había ganado la vuelta de la Juventud, pero que nadie tenía pensado, que llegaría a ganar la vuelta grande y de que manera.

Uriel, conoció del surgimiento de este hombre delgado, con el pelo largo, dentadura grande y  de sonriza mas bien escasa, que luego llegó a la Vuelta a Colombia novato para “barrer” en la prueba donde muy pocos osaban incursionar y mucho menos llegar a la cima.

Con los comentarios de Arrastría y la narración de Piedrahita, Uriel era ampliamente conocedor del acontecer ciclístico y quienes eran los protagonistas de cada competencia. Eso era toda una lección de este deporte, por lo que sus seguidores quedaban enterados, de quienes eran los protagonistas de las carreras, de donde eran y cual era su capacidad para las competencias.

El oyó hablar de Roberto Pajarito Buitrago, Ramón Hoyos Vallejo obviamente de Martín Emilio Rodríguez, del Condor Alvaro Pachón, de  Alberto Chispitas Duarte y ya sonaban el de Ramiriquí José Patrocinio Jimenez , Alfonso Florez Ortiz el santandereano y claro del niño de Cucaita.

 Deporte de muchos donde triunfan pocos

Este hecho-para los que no saben mucho  de ciclismo-, hoy que Rafael Antonio Niño Munevar falleció a los 76 años, puede ser un acontecimiento importante, pero poca atención les llama, al fin y al cabo es ver a un hombre en bicicleta y la noticia de su fallecimiento pasa a ser una mas.

Pero para el hombre y  hoy la mujer, que monta en bicicleta, que siente pasión por este deporte y que sabe lo que se sufre, en una cicla, la cosa cambia.

Para ellos el chino “ Rafael” como lo menciona Jorge Velosa, en una de sus canciones que habla del caballito de acero, la cuestión es a otro precio.

Esto de montarse en una “burra”, como decía uno de los hijos de Uriel, -Darwin- no es tan sencillo, como parece y mas si se quiere vivir de esta actividad, como muchos lo hacen en el mundo.

Para ganar una etapa, o estar entre los primeros en una competencia, hay que levantarse mínimo a las 6 de la mañana y llueva, truene o relampaguee,  hay que salir a entrenar, un trayecto largo de kilómetros y por todo tipo de terrenos.

No se sabe si es mas duro el entrenamiento o la competencia en si, lo cierto es que se requiere una disciplina de hierro, para alcanzar a estar en la “pomada”, como decía Arrastría.

Pero el esfuerzo que se hace, es recreo, comparándolo con otras circunstancias de las carreras y donde  hay pinchazos y grandes sacrificios para perseguir a sus contendores o para no dejarse quedar del lote.

También le puede dar lo que en Colombia llaman la pálida y en España La Pájara, que no es otra cosa que se le acaban completamente las fuerzas y le da una debilidad tan grande que solo se compara, como los efectos que deja un dengue o un chincunguña.

Si no le da la pálida, el ciclista también tiene riesgo de las   caídas, que dejan lesiones y cicatrices en todo el cuerpo, pero si quiere triunfar, aunque se caiga debe, volverse a levantar.

En ocasiones las caídas pueden ser a 80 kilómetros- por hora-  en un descenso vertiginoso y puede terminar, en un hospital o hasta en el mas allá si la caída es muy grave.

Son muchas las imágenes de corredores, que llegan a la meta como un nazareno, ensangrentados, pero  satisfechos de su esfuerzo.

Gesta dificilmente repetible

Por eso la gesta de Rafael Antonio Niño Munevar, aunque muchos se la reconocen, falta que el aficionado del común dimensione lo que este hombre hizo: Ganarse 6 vueltas a Colombia y 5 clásicos Rcn además de multitud de pruebas de menor renombre mas.

Lo que hizo Rafael, No es cualquier perico de los palotes, diría también Arrastría.

A esto se une el hecho de que la Vuelta a Colombia en esos años, era una de las pruebas mas difíciles del mundo, tanto que pocos muy pocos extranjeros lograron ganarla.

No le fue bien en Italia y en Europa en general, talvez por su temperamento, algo iracible y poco amable además, de no querer, ser gregario.

Pese a que no tuvo el despligue de imagen, que hoy se tiene en Colombia para el ciclismo, pasarán años, antes de alguien iguale su hazaña.

Igual ocurre con Nairo y Egan, tal como están las cosas tendremos que esperar, un muy bien tiempo, antes de que  uno de los nuestros se trepe a un podio del Tour o el Giro.

El último Kilómetro

Enrutamos al último kilómetro de estas letras, para testimoniarle admiración al séxtuple campeón de la vuelta a Colombia, retornando al radio Philps en Boyacá, con Sogamoso y los recuerdos del incognito admirador de Piedrahita y Arrastría .

Sogamoso, la ciudad boyacense, que se arrima mucho al Llano, ha sido  tierra de ciclismo y nombres como Ezequiel Pinto o Epimenio González, antecedieron a los Parra, Acevedo, Cárdenas, Condorito o los hermanos Sierra, que hicieron nombrar mucho a este municipio, en el cual prevalecen los afectos familiares.

Epimenio, era el ídolo sogamoseño y sus coterráneos, hacían fuerza para le pudiera ganar una al “Chino Rafael”, claro Uriel y el redactor actual hacían fuerza porque esto sucediera, pero eso no se dio.

Uriel solo volvió del  Llano, en un avioneta que contrató su otro hijo, también llamado Uriel, para intentar salvarlo, de una aparatosa caída de un tejado, en Maní, pero Dios, no quiso dejarlo mas en esta tierra.

La vena del comercio la siguió su hijo menor Alveiro que tiene su propia historia. Edy su hijita adorada, enrutó por la docensia aunque hubiera podido ser  mas reportera, que su otro hermano, quien es el que  esto escribe.

Arrastría y Piedrahita aún se ven en la imagen de los años, llegando a Sogamoso, en un transmovil de Rcn y con lleno completo en las calles relatar la llegada de los ciclistas. Los dos aclamados como los corredores, porque el argentino y el Padrino, también eran ídolos; en el fondo de este escenario está Uriel con la dicha de ver en persona a sus orientadores del deporte.

La despedida de Rafael Antonio Niño,  es una oda a su nombre, afamado por sus logros,  gracias a la radio, con Arrastría y Alberto  Piedrahita y el recuerdo de Uriel un padre amante del deporte y las comunicaciones que sin proponérselo forjó la semilla de la reportería en El Relator del Relator del Llano.