“Se le olvidó a Carmenza Pérez que estaba en un velorio”, dijo con risa Mauricio uno de los 6 hijos que deja Mauricio Lora Valdez, el payanés, que adoptó a Yopal, como su segunda tierra y que se fue de este mundo, luego de tomarle el pelo a todos y gozarse la vida con plenitud.

El detalle, lo comentó, en medio de este momento, que usualmente, para familiares y allegados, de una persona que fallece es de tristeza y congoja.

Hacía referencia, a algunas sonoras risas, de su amiga Carmenza, otra de los asistentes, a la funeraria, Los Olivos, donde se velan los despojos, del ex alcalde, fundador del Cuerpo de Bomberos, pionero del comercio de farmacias y por  sobre todo, hombre Yopaleño, por adopción y ciudadano buena gente, bebedor y mamagallista consumado.

Carmenza fue su compañera, en el Cuerpo de bomberos voluntarios, que crearon para hoy convertirse en el mejor de la Orinoquia.

El velorio, era alegre tal como lo fue Mauricio, quien partió a sus 85 años de este mundo, dejando el recuerdo de una persona cívica, trabajadora y de temperamento fuerte, pero amigable.

Su esposa, doña Maruja, quien compartió más de 50 años de su vida con el señor Lora Valdez, también caucana, se le veía en un momento difícil y hasta sonriente.

Amigos de la época acudieron a darle, su último adiós, recordando que fue un hombre que vivió con intensidad  y deja una familia formada y con una buena cantidad de nietos.

Muchos de los asistentes, fueron sus contertulios, de muchas de las cantinas de Yopal, donde se deleitó con la bebida espirituosa producida, por Julio Mario Santo Domingo en sus fábricas de Bavaria.

Fueron frecuentes sus encuentros donde Botalón, emblemático establecimiento, ubicado, frente a la Diócesis de Yopal, en los cuales  compartió ratos agradables, con Darwin y Danier Porras por muchos años.

En este y muchos otros tertuliaderos, se debatió  y se generaron interminables controversias sobre los políticos de turno, la economía de la región o sobre el chisme callejero de un pueblo, que se volvió ciudad.

Precisamente Mauricio, fue una de estas personas que conoció a Yopal, en las épocas de la pequeña villa, con  calles llenas de piedras y polvo, hasta ayer, cuando dejó esta tierra ya convertida, en una ciudad moderna, con grandes avenidas y tráfico inmanejable.

Lora, como le decían sus mas allegados, fue uno de los impulsores del barrio la Campiña, donde construyó su vivienda, en calle 10 con calle 26 y además impulsó la construcción del templo católico.

Su espaciosa casa, con frondosas árboles y hermosas plantas ornamentales, fue su refugio de él y su familia.

Hasta hace muy poco lo vimos, con tijeras en mano, limpiar la cerca de la planta  de limón ornamental, que rodeó la construcción de su residencia, en un trabajo constante, esforzado y pese a sus años  lo hizo con denuedo dejando una imagen inmejorable de ornato.

Ayudó en la construcción de la pequeña capilla, católica de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, que, regentan la comunidad de los Agustinos Recolectos, pero que luego debió cambiarse por otra nueva, que queda, frente al parque del barrio la Campiña.

En ambas estuvo Lora y como buen católico apostólico y romano, defendió con ahínco, sus principios religiosos, pero también los reclamó con vehemencia, cuando los curas le pusieron problemas para bautizar a uno de sus nietos.

Les recordó que él ayudó a hacer estas construcciones y no era justo que le pusieran inconvenientes, para que sus nuevas generaciones siguieran siendo católicos.

Mauricio Lora Valdez, tuvo sus momentos duros, en la vida, pero tal vez el, más difícil, fue la muerte violenta de su hijo, Pier, quien se lo llevó los momentos complicados que vivió Casanare, en los años 90.

Pese a todo asumió con entereza, esta tragedia y pocas veces abandonó su alegría y forma de ver la vida, entusiasta y con la irreverencia que lo caracterizó.

No todo era risas, en Lora, también era malgeniado, algo terco e irascible, pero así lo apreciaron sus amigos y conocidos.

Fue un hombre de una gran vitalidad y supo sortear sus problemas de salud, que en los últimos años lo afectó.

Solo en los últimos 5 días  padeció, hasta cuando llegó su muerte, en su residencia.

Adiós amigo y contertulio, Dios lo acoja en su gloria y nos queda el recuerdo de una persona,  al que poco lloraron en su velorio porque en vida siempre mostró alegría y aún desde su féretro,  les dejó a su familia y amigos el entusiasmo  y la algarabía.

Las risotadas de Carmenza son una muestra de ello, que fue a despedir a este compañero yopaleño, pero se le olvidó por instantes, que eran sus momentos de la partida sin retorno.

Se fue un amigo y un ciudadano que ayudó a formar a Yopal y dejó huella.

A su familia las condolencias de El Relator del Llano.

Paz en su tumba.

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