Luto se presenta  en Casanare por el fallecimiento del Coronel Miguel Ángel Contreras Patiño, anoche en el hospital regional de la Orinoquia, a donde fue trasladado, desde su finca, Cañaguate, luego de algunos quebrantos de salud.

El oficial fue comandante del grupo Guías de Casanare, fundador de la Defensa civil  e intendente encargado entre otros cargos y hombre polifacético, ilustrado y muy culto.

Ocañero de nacimiento, pero radicado en Casanare, desde hace mas de 50 años, el Coronel Contreras, se convirtió en todo un personaje de la región.

Altivo en el andar y garboso en el hablar, “no tenía pelos, en la lengua para cantarle la tabla a cualquier sute de escuela”.

Aún retumban sus famosas cartas a Eufemia, que emitía por Caracol, donde su amigo Gustavo Puentes, le permitía para que se despachara contra los corruptos.

Inicialmente desde su refugio en el barrio La Corocora, uno de los primeros de Yopal, escuchaba la voz del “Topocho”, las ocurrencias de Rubén Darío o los coloquios de Jorge Luis Ospina y las peleas de los políticos.

Luego estuvo siempre en sintonía de Caracol, escuchando al inolvidable Gustavo Puentes Álvarez, con sus reflexiones y su Cómo Amaneció Casanare.

Se empapaba de discurrir de este departamento y de las acciones incorrectas y corruptas de muchos de sus dirigentes y en sus cartas a Eufemia, fue implacable con muchos nombres ilustres.

Su compañero de la defensa civil de Casanare, el payanés Mauricio Lora Valdez, lo describe como un hombre firme, pero cordial en el trato, con sus compañeros o conciudadanos.

Impecable en el vestir, como buen militar el coronel Contreras,  acudía hasta que los años le permitieron a las ceremonias de cambio de mando en el patio de paradas del Grupo Guías de Casanare y siempre decía que esta era su casa.

Los oficiales activos, le testimoniaban respeto, por lo que Contreras, significó, para el ejército, para Casanare y para la Patria.

Como anécdota y muestra de lo que se fue complicando la situación en Yopal, en su casco urbano, en materia de seguridad, por los lados de su barrio, los delincuentes ingresaron a su vivienda y por mas oficial en retiro del ejército que fuera con sobrados méritos militares y de  gran , valentía, nada pudo hacer ante los facinerosos, que lo robaron y entendemos que le agredieron de alguna manera.

Tal vez por eso se aburrió del “pueblo” y se fue para su finca Cañaguate, en la vereda Picón.

Alguna vez reveló que la bautizó así, en recuerdo del maestro Rafael Escalona, cuando estuvo como joven militar por tierras cesarences, precisamente en este corregimiento de Valledupar, en cual Escalona, hizo más de una aventura, musical y de amores, de juventud.

De “Cañaguate”, no salió muy seguido en los últimos años y solo le vimos por ahí algunos momentos en Can West, la empresa que tenazmente sacó adelante su hija.

Cañaguate, se convirtió en su refugio donde compartía con su familia, especialmente con Gilma, la Pelusa, como se le conoce más coloquialmente, porque ella, también tiene su propia historia.

Creemos que poco volvió a salir de Cañaguate, en los últimos tiempos y solo hasta ayer que se necesitó enviarlo al hospital, se supo, que volvió a salir de su campo Sabaner.

Pelusa, resumió en pocas palabras lo que fue para ella Miguel Angel Contreras Patiño: “Papá era todo para mi”.

La señorita Isabel, como le decía a su respetada esposa, lo acompañó más de medio siglo y siempre fue el orgullo de Contreras,  quien a grito entero, destacaba los méritos de su compañera sogamoseña.

Con sus colegas de armas, tuvo buenas y regulares relaciones.

De lo que más se recuerda, son los tratos que se daban en sus últimos años, con otro oficial fallecido, también Norte Santadereano, el Coronel Andrés Alvarez Berbecí.

Se sabía que no se trataban, o al menos, no se dirigían la palabra, no se sabe porque diferencias y un día se toparon en una reunión, cuando Berbecí recibió la última edición del Contrapunteo, el periódico dedicado al campo, que editó por muchas años.

El repartió su periódico a los asistentes del encuentro y pasó por delante al coronel Contreras, este se mostró inconforme por la actitud, pero, se la cobró, con una solicitud que celebraron todos los asistentes con soberanas carcajadas:  .

“Álvarez, yo también voy al baño”, dijo en tono elevado como era su costumbre.

Claro la palabra no fue baño, fue otra, que los lectores entenderán.

Nunca supimos la respuesta, solo queda la anécdota hoy que se despide a un personaje de tan altas calidades, del que no se volverán a escuchar las lecturas de sus cartas a Eufemia.

Paz en su tumba.

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