De don Pablo Emilio  Rodríguez  Torres o don Pablito, como le decían los casanareños muchos de los que viven en esta tierra, llanera y pie de montana, tienen algún recuerdo y  obvio, que El Relator del llano también, lo tiene.

Al final se sabrá cuál es el pensamiento de este medio , que quedó de  este casanareño ejemplar.

El un Mirafloreño , llegó en 1973 y según cuenta su hijo Pablo Hernando , aun  cuando, esta inmensa región, de 44 mil kilómetros cuadrados pertenecía  a Boyacá.

Don Pablito llegó a esta tierra, luego de alguna dificultad económica tenido, en alguna farmacia que tenía en Bogotá, al menos eso es lo que cuentan los que le saben su historia y se ubicó en este sitio donde desde hace 45 años funciona la Drogueria Yopal emblema de la venta de medicamentos en el departamento.

No le fue difícil surgir, en un pequeño pueblo, que acogía a los visitantes, que llegaban a servir.

La amabilidad, el don de gentes, su honestidad y la entrega al trabajo hicieron que la Droguería Yopal se convirtiera en un lugar único para el expendio de medicamentos.

Quien allí acudía, se encontraba con un “viejo” bonachón, que hacía olvidar a los enfermos, que algún mal los aquejaba.

Hasta hace pocos años, don Pablito, atendió su establecimiento, con la misma entrega que lo hizo desde el primer día de diciembre del 73 en que llegó a este amado terruño Yopaleño.

Ciudadanos de todas las edades, razas, clases sociales y creencias religiosas, acudieron a él a consultarle sobre sus quebrantos de salud.

El con cortesía y de acuerdo a sus conocimientos de farmaceuta, de toda la vida les “curó” a sus  pacientes los males, sin ser médico.

Muchos le atribuyeron conocimientos extraordinarios, de medicina o tal vez, el contacto tanto años, con los “remedios” hizo que él le diera a cada persona, lo que ella necesitaba.

Eso sí, nos dijo, la última vez que le consultamos: “Mejor vaya al médico para que lo examine”, porque él no quería pasarse los protocolos por la faja, como muchos lo hacen hoy en día.

Por don Pablito pasaron ricos, pobres, mujeres, niños y hasta a Rubén Darío Venegas y Gustavo Puentes Alvarez, los tuvo como sus constantes clientes.

No se supo que atraía más a los casanareños a la droguería Yopal, si la atención especial, del padre bueno o los verdaderos poderes curativos, de los medicamentos que expendía.

Su Droguería, en la carrera 20, entre calles octava y novena. arrancó en una casa de un piso y llegó hasta un edificio de 4 pisos, que hoy se mantiene y que se convirtió también un lugar que albergó a personajes importantes para Casanare.

En el segundo piso funciona desde hace muchos años el laboratorio de Eumelia Barón, y el consultorio de profesionales de la medicina.

En el tercer piso, también se tenía consultorios médicos y un consultorio odontológico Precisamente este tercer piso es el hogar de los recuerdos de El Relator del Llano.

En este piso estuvieron como arrendatarios entre otros profesionales, Emiro Sosa Pacheco, Germán Barrera, Alexander Prada, Darwin Porras Leal y Carlos del Corral, quien todavía, parece está ahí.

En el cuarto piso vivía don Pablito con su familia por algún tiempo.

Luego amplió en la parte de atrás con unas oficinas, que por mucho tiempo albergaron el Tribunal contencioso administrativo de Casanare y en el primer piso un centro de terapias, para personas con lesiones en sus extremidades.

Por su puesto que en torno a la Droguería Yopal, crecía la ciudad y su desarrollo y don Pablito era testigo de excepción de semejantes cambios.

Por la droguería Yopal pasó Isrrael,  Aristóbulo, Marco Tulio y los demás Ruiz que vinieron de Ventaquemada y luego se independizaron para llegar hasta “ tomarse” la gobernación.

También Rosalbita Múnera, la mujer de Caicedonia,   fue de los afectos cercanos, de don Pablito, su suegro, parece que mejor que Pablo  Hernando, la supo entender y hoy nuestra colega, lo acompañó en la despedida final.

En fin, en Casanare desde Mani, hasta Paz de Ariporo y desde Tauramena a Chámeza, conocieron a don Pablito que fue un hombre que dejó huella y que, pese a que hubiera podido llegar a ser connotado, político o enriquecerse con un Casanare, que crecía en sus finanzas, fue fiel a su trabajo de farmaceuta, gran servidor y ser humano incomparable.

Vivió de su trabajo y lo ejerció hasta que la salud se lo permitió, un verdadero ejemplo de vida en una tierra, donde muchos de los jóvenes, quieren acumular capitales, sin mirar de donde provienen.

Seguramente cuando estas notas concluyan, ya su alma, fue entregada a Dios y su cuerpo se prepara para su cremación como fue su deseo.

Antes de terminar este Adiós a don Pablito, para los lectores de El Relator Del llano,  referiremos el recuerdo que le dejó a este medio este personaje, que nos abandonó.

Como ya se dijo fue en el tercer piso del edificio de la Droguería Yopal en un consultorio odontológico, inusual rodeado de libros trabajó Darwin Porras Leal, que quien sus  ideas  tuvo que ver con la creación de este medio.

De Darwin, quien ya partió de este mundo, nos referiremos luego, solo queríamos contar como anécdota, que don Pablito fue para él como un padre que lo acogió en su edificio, le cobró poco por el arriendo y al final no obtuvo el pago de las últimas mesadas.

El hermano del director de El Relator Del Llano fue un gran hombre, de una vasta cultura, sustentada en la constante lectura, de muchos de los libros, que tenía en su consultorio y como le llegaban pocos clientes, pasaba gran parte de su tiempo distraído con los conocimientos, que le dejaban los textos.

Eso sí, el manejo de sus finanzas, no fue una de sus mejores virtudes, más bien fue uno de sus defectos más constantes, tal vez por leer mucho y  pasarla  en los deleites de la vida, por esto se le colgaba en el pago del arriendo de la oficina, pero don Pablito le tenía paciencia.

El duró varios años, en este famoso tercer piso, al que quien esto escribe disfrutó por mucho tiempo.

Hoy cuando los dos están ausentes, seguramente en el más allá, Dios quiera que se encuentren y se tiene inquietud, sobre que le dirá don Pablito a Darwin, por las demoras, o por los días vividos en este Yopal de hace 30 años.

Del hermano, nos quedan muchos recuerdos uno de ellos fue el gran aprecio por don Pablito, del cual hizo muchos elogios, que seguramente nunca le expresó, a su apreciado arrendador.

Adiós a don Pablito y gracias por el ejemplo de vida que dejó en Casanare