El clavadista colombiano está en el tramo final de su carrera. A sus 43 años, tiene decidido seguir ligado al deporte en la parte administrativa cuando se retire. Luchará para que su disciplina siga creciendo en el país. Su historia.

Orlando Duque minutos antes de saltar en la Antártida, su primera gran aventura de 2018. / Cortesía Red Bull

No le bastó conquistar América, Europa, Asia, África y Oceanía con sus clavados de gran altura. Quería hacerlo en el continente más austral de la Tierra: la Antártida. Así empezó su trajín en 2018, el año que parece ser el penúltimo de su carrera profesional. Parece, porque se viene retirando desde 2007. La adrenalina lo sigue seduciendo y no ignora el llamado. Lo que sí tiene claro es que su vida siempre estará ligada a los clavados. Sea con un traje de baño o con saco y corbata.

Llegó a la Antártida embarcado junto a la tripulación del buque ARC 20 de Julio, de la Armada colombiana. Allí cumplió uno de los pocos sueños que le faltaban por cumplir. “Fue una experiencia fascinante. Esos paisajes lo vuelven a uno más pequeño, más humilde. Los glaciares, animales, todo es increíble. Uno llega con una imagen, pero es mucho más que eso. Hice tres saltos: no fue fácil el acceso a los icerbergs, porque se pueden romper y voltear. Ese ha sido uno de los desafíos más complicados que he realizado”, le apunta Orlando Duque a El Espectadorde las frías sensaciones térmicas de -5 a -25 grados centígrados que vivió.

El vallecaucano, de 43 años, es una leyenda de los clavados de gran altura. En 2013 fue el primer campeón de los Mundiales de Natación celebrados en Barcelona (España). Ha sido el pionero y fue una de las máximas estrellas en la lucha para que su deporte fuera considerado deporte acuático en 2014 por la Federación Internacional de Natación.

“A nosotros nos vieron por mucho tiempo como los locos que se salieron de la piscina y nos fuimos a un acantilado. Lo veían como algo muy peligroso, y no es que no lo sea, pero estábamos muy bien preparados. Luchando, por fin incluyeron los saltos de gran altura a la familia de deportes acuáticos. Una victoria, pero se viene la más importante: que sean incluidos en el programa de los Juegos Olímpicos de París 2024”, afirma.

Paradójicamente, Duque rasguñó su participación a los Olímpicos de Barcelona en 1992. Logró los números, pero no encontró los cupos. Ahí se cansó de la monotonía de los clavados en piscinas. “Son todas iguales, en cualquier parte del mundo. Misma altura, mismo color, todo. Para mí llegó un momento en los que los clavados eran algo monótono. En la altura cambia todo: la plataforma, los metros, las condiciones, hay que adaptarse al entorno y eso le devolvió la emoción al deporte”, señala.

Llegó a los clavados de altura por pura casualidad. Luego de que se le escapó su sueño olímpico se fue a trabajar a un parque temático en Viena (Austria), el Safaripark Ganserndorf. Vestido de payaso, se ganaba la vida saltando a una piscina desde una grúa a 25 metros de altura. “Hacíamos comedias, saltaba al agua prendido en llamas. Ahí discerní que podía competir en esto. Participé en mi primer campeonato mundial en 1999 y fui segundo. Ese fue el punto de quiebre de mi carrera y ahí decidí dedicarme a los clavados de gran altura”.

Siempre quiso ser ingeniero electrónico, pero no acabó la universidad. “Mi mamá no tuvo la oportunidad de acabar sus estudios, trabajó desde muy joven, y siempre me dijo: ‘Orlando, tienes que estudiar’. Digo que soy el vago de mi casa, porque no me gradué. Igual sí le hice caso a mi madre: siempre me dijo que lo que hiciera, lo hiciera bien y…”, pausa. “Va a estornudar cinco veces”, afirma Catalina Echeverry, su esposa. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. El vaticinio de su compañera de vida se cumplió. Sin entender las risas, Orlando retoma: “Tomé los clavados como una carrera y lo di todo”.

Catalina ha sido su apoyo y soporte durante buena parte de su carrera. Lo dejó todo por él, se conocieron cuando estaba a punto de partir a realizar una especialización en Australia. A pesar de los miedos y sacrificios, no se arrepiente de nada. La publicista dedicó sus conocimientos en función de su esposo y se convirtió en su mánager.

Orlando Duque ve el futuro de los clavados de gran altura en Colombia con buenos ojos. Ve en María Paula Quintero, quien en 2017 se convirtió a sus 17 años en la primera clavadista colombiana en la serie mundial de Red Bull Cliff Diving, el futuro. Sabe que está en el tramo final de su carrera, pero su lucha continúa y sólo descansará hasta que su disciplina sea inscrita en el programa olímpico.

“Espero seguir contribuyendo a que el deporte crezca, a que lo incluyan en los Juegos Olímpicos y la idea es seguir siempre ahí. Igual sigo involucrado y estaré metido en la parte administrativa. Soy de la comisión técnica de la FINA”, cierra el 13 veces campeón del mundo y dueño de dos Récord Guinness.